El anti-ídolo. Ensayo y crítica sobre los ídolos contemporáneos.

Creado: 31/1/2012 | Modificado: 17/6/2014 1548 visitas | Ver todas Añadir comentario



 

Sociedad capitalistas. Crítica a los ídolos.

Introducción.

Vivimos en una sociedad de carácter capitalista. Eso lo sabe hasta el más tonto. Quizás algunos ignoren que en este tipo de sociedades la diferencia de renta entre el grupo de potentados y los más afligidos económicamente se incrementa con el paso de los años. Así están las cosas, los ricos van a enriquecerse cada día un poco más, los pobres (hablamos de más del 99% restante) en consecuencia van a sufrir en sus carnes el síndrome “de fin de mes”. Algunos no aspiran ni a esa suerte apenas si tienen para sobrevivir, la crisis está siendo realmente dura. Más de cinco millones de parados en España refrendan estos argumentos. Por no hablar de las manifestaciones antisistema recientes. Por cierto, en el tercer mundo, llegar a “fin de mes” tiene un sentido distinto: significa poder seguir respirando.

Es el momento oportuno para decidir a qué grupo quiere pertenecer, a la de la clase trabajadora y cada vez menos potentada o intentar dar un salto cualitativo e ingresar en una escalón social más pudiente. Todos los indicadores reflejan la brecha que se va abriendo entre clases, repitiendo el mismo comportamiento que el ciudadano-masa convencional su suerte está echada. Debería pensar seriamente en qué va a invertir sus próximos euros, en qué va a dedicar su tiempo de ocio.

Esta inconcebible grieta en el sistema es una de las múltiples secuelas de la aplicación de las teorías capitalistas y también una derivación lógica de nuestro rutilante y creciente afán por los bienes materiales y desdén por cuidar nuestro lado más emocional. Es una tasa, ciertamente elevada, cuyo coste debemos asumir. Mm, no, disculpen, ese es un precio que deben pagar los cortos de miras, los ignorantes, no quienes disponen de las armas necesarias para defenderse y que esa filosofía idiotizante les haga mella.

Probablemente si en vez de perder tantos días admirando a gente tan adinerada hubiera desarrollado un juicio más lúcido y práctico apuesto que ya podría hablar de sí mismo como un tipo que lucha por  encontrar un lugar en el mundo exponiendo a los elementos su precaria personalidad, quizás con un sueldo que apenas le permite cubrir gastos.
 En un mundo materialista la base de la educación estriba en que los menos más desdichados idolatren (patrocinen) a los más ricos, para que estos lógicamente lo acaben siendo todavía más. La instrucción programada por los primeros y asimilada sin previa deliberación por los segundos es tan poderosamente efectiva que estos a pesar de saberse manipulados no tienen ni energías ni valor ni convicciones propias para rebelarse.

Tampoco ingerir alcohol o consumir drogas blandas o duras o apalancarse para contemplar un evento  televisivo permitirá que sus problemas se resuelvan. Olvidarlos quizás, atenuarlos por momentos, pero disolverlos jamás. Ninguna facultad humana destacable se despliega a partir del hecho de someterse a una rutina plagada de actitudes pasivas o de tareas que no impliquen un esfuerzo intelectual, donde no se ejercita el espíritu crítico o donde no se ponga a prueba el físico o la madurez del carácter. Menos aún si se emprende el camino de amigarse con el consumo irresponsable de alcohol o, peor aún, del coqueteo con las drogas, ¿acaso no disponemos del valor suficiente para enfrentarnos al mundo sin la ayuda de estupefacientes? ¿es esa ridícula cobardía de entregarle parte de nuestras responsabilidades a esos pequeños demonios la que debe prevalecer? En mi opinión, es preferible cosechar un fracaso en estado de brillante lucidez antes que una victoria en pleno estado de drogadicción o ebriedad. Quizás en un momento dado, consigas ganar una batallita, pero a la larga, cierto tipo de fraudulentos triunfos sólo ocasionan grandes descalabros futuros.

Díganme qué opinan de algunos de los triunfadores cuyos análisis de sangre revelan la presencia de sustancias dopantes. Seguramente afirmarán con rotundidad que su comportamiento es censurable, considerarán, apuesto, que no constituyen un ejemplo ni para sí mismos ni mucho menos para la sociedad. Apliquémonos pues la misma corrección, no abusemos de aquellas sustancias que nos impiden mirar al frente con gallardía. Algún día, háganme caso, si actúan de tal modo, su voz resonará más alto que la de cualquiera que se sumerja en los pantanos de aguas oscuras y ponzoñosas.

Sí, querido lector, quizás usted no contemple la opción de constituirse como un ejemplo para nadie y sólo haya decidido vivir la vida con más o menos dignidad, tratando de pasar en la medida de lo posible unos cuantos ratos divertidos. Perdóneme que le diga: no hay mayor intensidad que aquella que se origina en nuestro corazón, a partir de sentimientos profundos provocando una sensación que emerge con un vigor inusitado por todos los poros de la piel. No hay mayor gloria que aquella de quererse a sí mismo sobre todas las cosas y sentirse uno con todo lo que te rodea, porque esa estremecimiento del cuerpo y del alma te acompaña allá adonde vayas. Siempre está contigo. Y no, no necesitas vítores de la gente o la presencia cercana o lejana de ninguno de estos ídolos para retenerla. Sólo te necesitas a ti mismo y la compañía de la vida maravillosa. Puede denominar a ese estado de la conciencia con un nombre:  Felicidad. O también: el Don de la Eternidad. Con mayúsculas. Compartir esa excitación vital con tus semejantes además multiplica ese estado de bienaventuranza... más todavía.

A los demonios sólo les vence primero reconociéndolos, a continuación mirándoles de frente, estudiando sus debilidades, su tacón de Aquiles, y finalmente aunando fuerzas para arremeter contra ellos con dureza. Estudiarlos, acotarlos, arrinconarlos, enfrentarlos en suma para proceder a su demolición. Rehuirlos jamás. Con ese cobarde planteamiento no lograremos que su sombra deje de pisarnos los talones.

Si ve que su dependencia se relaciona con la visualización de retransmisiones televisivas, le aconsejo disminuya su exposición. Ello le permitirá evitar convertirse en un sujeto pasivo y el riesgo de acabar sumido en un estado neurovegetativo. También, por supuesto, como le he dicho antes, le recomiendo encarecidamente que deseche el consumo de cualquier sustancia estupefaciente u remedio que tense las cuerdas de sujeción a la silla del reo. Usted debe evitar en la medida de lo posible la dependencia malsana para evitar dar pasos atrás en el camino hacia la independencia psicológica y financiera, hacia la libertad.


Un consejo un poco bestia:
Cuando estos ídolos decidan ir a verle a usted (a hacer lo que sea), devuélvales usted la visita. Que sí, que usted es tan bueno o mejor que ellos. Usted diga tranquilamente, por ejemplo: “Yo soy sin duda mejor que Lebron James... menos jugando al basket.”

Atrévase a ponerse a prueba, conviértase usted en protagonista de su propia vida. ¿Cómo va a usted advertir talentos ocultos si no rebusca en su interior? Quizás estemos en presencia de un potencial actor, artista, bailarín, tenista, escritor, poeta, cantante, webmaster, etc, ¿Cómo sabe que no alberga una semilla poderosa que está esperando ser regada para germinar? Quizás usted tenga varias habilidades secretas que aún desconoce, por eso le insto a practicar todo tipo de deportes, leer libros de temática variadas, experimentar todo tipo de actividades que amplíen sus horizontes culturales o físicos hasta que encuentre su lugar en el mundo. Y aún cuando lo encuentre y se sienta realizado, haga como yo, no desdeñe esa búsqueda constante, puede que su capacidad de mejora no se detenga nunca.

Charles Darwin

El naturalista inglés Charles Darwin, padre de la teoría de la evolución de las especies es considerado como uno de los científicos más grandes de todos los tiempos.

Charles colaboró como expedicionario en un viaje orientado  a cartografiar la costa de América del Sur. Su misión consistiría en recoger muestras de especies y seres vivos procedentes de las múltiples islas y lugares visitados.  Su padre se opuso en principio al viaje que se planeaba para dos años, aduciendo que resultaría una pérdida de tiempo (todo un visionario), pero finalmente Charles aceptó a emprender una travesía que transformaría la comprensión de la naturaleza evolutiva de los seres vivos. El barco en el que emprendió el viaje se llamaba "El Beagle". Esta trayecto, que se prolongó durante cinco años (de 1831 a 1836) constituye una de las expediciones científicas más fructíferas de la historia por las conclusiones que Charles extrajo a partir de las experiencias y datos obtenidos.

Si Charles hubiera decidido quedarse en tierra quizás hoy la historia le brindaría una pequeña reseña como un humilde y concienzudo naturalista reconocido por sus exhaustivos estudios... de los percebes y las lombrices de tierra. No es broma.

A Charles Darwin no se le considera un lumbrera intelectual(1) del nivel de Isaac Newton, Albert Einstein o Stephen  Hawking. Quizás sus talentos y capacidades no fueran más que ligeramente superiores a la media, pero tuvo una poderosísima idea que renovó los cimientos de la ciencia de su época. Esa idea no surgió de la nada sino de un largo proceso de experimentación y estudio.

(1) De hecho, el propio Charles confesaba que "su cerebro no estaba hecho para pensar mucho". Pues menos mal.

Thomas Alva Edison
A Thomas Alva Edison, empresario y prolífico inventor, poseedor de más de mil patentes. se le conoce principalmente por haber inventado la lámpara incandescente.

Sin embargo, el camino no fue en absoluto fácil,  el éxito se le escurrió de las manos cientos de veces. Su carácter incansable, sin embargo, le reportó finalmente el fruto deseado: tras muchos intentos consiguió un filamento que alcanzó la incandescencia sin fundirse. La chispa del genio se produjo después de miles de veces de trabajo duro de frotar y frotar la cerilla de diferentes maneras. Otros se hubieran detenido azotados por la decepción de sufrir un primer fracaso.

Edison es considerado el inventor más genial de la era moderna. Escuchen al propio Edison cuando afirmaba:
"Las personas no son recordadas por el número de veces que fracasan, sino por el número de veces que tienen éxito."
"No me equivoque mil veces para hacer una bombilla, descubrí mil maneras de cómo no hacer una bombilla"

Yo creo que todos alberguemos un Darwin o un Alva Edison en nuestro interior. Recuerden que el genio y su tarea de estudio se organizan en una simbiosis o matrimonio perfecto. El trabajo bañado de entusiasmo no agota sino que siempre resulta estimulante. Devoción más trabajo duro son las claves del éxito.

Recuerde que la Ecuación del Éxito implica una parte importante de devoción y entusiasmo por la tarea a desarrollar, el trabajo realizado y un factor concluyente que es el entorno. Encontrada la tarea que le entusiasme, con un entorno favorable, una pizca de suerte y un trabajo constante el éxito está asegurado.

He preferido no incluir la inteligencia en la ecuación porque existen demasiados casos de tipos con apenas estudios, que se han hecho a sí mismos y que han dado al traste con la teoría de que la inteligencia se correlaciona de manera notable con el éxito en la vida. La inteligencia obviamente sí es un factor pero siempre que el cociente no sea muy bajo, no incide de manera esencial en el resultado. El escritor Malcom Gladwell revelaba en unos de sus libros ("Outliers") que un coeficiente intelectual otorgaba cierta ventajara para conseguir el éxito en la vida pero una vez superado un cierto umbral que él situaba en 115 (la media está entre 90 y 110), la diferencia entre exitosos y fracasados o tipos corrientes se difuminaba. Corolario: puede que usted no sea muy inteligente pero eso no le servirá de excusa para convertir sus sueños realidad. Yo no conozco mi cociente intelectual... ni me importa lo más mínimo, pero sí sé una cosa: soy muy testarudo y cuanto deseo una cosa no me detengo hasta conseguirla. Eso, en la gran mayoría de casos, cuenta más que disponer de una gran inteligencia o excelente currículum académico. Sí le puedo asegurar que no soy en absoluto un superdotado, ni tampoco nací con memoria fotográfica ni con ningún talento especial, pero sé que mi tesón, mi optimismo, mi espíritu vital y mi fe en conseguir objetivos derribarán cualquier barrera. Tarde o temprano.

El agua es blanda, la piedra es dura, pero gota a gota la piedra se horada y se hace cavadura.

Tampoco he incluido la carga genética en un arriesgado intento de demostrar que la energía motivadora contenida en la convicción de desear fuertemente una cosa y poner el mismo empeño en conseguirla supera ampliamente las desventajas de adolecer deficiencias físicas o limitaciones recogidas en la cadena de ADN. Para aspirar al reto de la gran felicidad (o gran éxito) no es necesario haber sido agraciado ni con el poderío físico de algún Usain Bolt o la inteligencia excepcional de un Stephen Hawing, el cual por cierto convendría conmigo que, en muchos casos, las limitaciones físicas no son un impedimento para alcanzar la felicidad, el éxito, el dinero y también la celebridad.

Todos, sin excepción, disponemos de facultades suficientes para alcanzar cierta jerarquía en algún oficio.

Para muestra un dato, fíjense en este enlace: http://es.wikipedia.org/wiki/Marilyn_vos_Savant
Marilyn Vos Savant, la mujer con el coeficiente intelectual más elevado del mundo  trabaja en la revista Parade.  Su cometido consiste en responder preguntas de los lectores acerca de diversos temas.  La columna de la revista donde se recoge esta sección toma el nombre de "Ask Marilyn". Leído esto, apuesto a que no les no parece un ser humano fuera de lo común. Pues créanme cuando les digo que existen miles de ejemplos de superdotados ocupando puestos de bajo nivel en empleos corrientes. Desengáñense, el coeficiente intelectual correlaciona de forma imperfecta con el éxito social o laboral y también por tanto con la felicidad y el nivel de autoestima del individuo.

Aquí tienen otro ejemplo: http://sobrecuriosidades.com/2009/01/24/el-hombre-mas-inteligente-del-mundo/






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