El anti-ídolo. Ensayo y crítica sobre los ídolos contemporáneos.

Creado: 31/1/2012 | Modificado: 8/4/2014 1252 visitas | Ver todas Añadir comentario



 

Ídolos. Sugerente experimento

Propongo un sencillo y revolucionario experimento. A una selección escogida de héroes superchachispirulis les hacemos entrega de una lista recopilada de unos 50 problemas críticos que azotan a nuestra bienamada (o bienjodida) sociedad. Les invitamos a reunirse unas cuantas semanas en algún hotel a su gusto y nivel adquisitivo. Supongo que valdrá uno de seis a siete estrellas en Isla Palmera allá donde el dinero parece surgir debajo de las calenturas desérticas, aunque seguro que todavía le encuentran pegas. La propuesta que les arrojamos consistirá en obligarles a estrujarse la mollera con el fin de que nos redacten una transcripción documentada de posibles soluciones a estas grandes cuestiones de nuestro tiempo. Les perdono las faltas de ortografía o la gramática incoherente y les permito el uso de procesadores de texto, portátiles, I-pads, I-phones, I-pods, etc. ¡Como si quieren liarse unos cuantos porros, me da igual, pero que discurran!

Realizamos el mismo experimento eligiendo una pequeña pléyade de avezados estudiantes pertenecientes a algún instituto español elegido al azar (dios mío, qué valor tengo). Luego copiamos el proyecto pero en colaboración con otros chicos que yo mismo prepararía (esto lo veo más razonable). Nosotros no somos tan exigentes y nos conformamos con un aula normal aderezada del famoso mobiliario verde de Federico Giner, unos cuantos cuadernos de hojas cuadriculadas y bolis bic, escriban fino o normal (¡maldito anuncio!). Bueno, a mí una pizarra blanca con rotuladores me vendría bien. Posteriormente, procedamos a comparar las respuestas e iniciar un debate.

Denme unos meses con unos cuantos adolescentes trabajadores, de mente abierta y con interés en aprender cosas de provecho  y obtendrán razonamientos más elaborados y efectivos que los de estos sumideros de raciocinio en toda su existencia. Finalmente que sea el pueblo quien decida qué argumentos son más convincentes, si emanciparse en el arte de concebir rabonas, chilenas, mates, skyhooks, passing-shots, birdies, home-runs, jabs, uppercuts, de elaborar monólogos, de posar en tanga, etc o en el proceso progresivo de indagar en nuestra íntima naturaleza hasta encontrar el meollo del mal, combatirlo y revertir sus secuelas.

Si el plebiscito popular opta por escoger la primera alternativa, el estatus democrático de la votación dictará sentencia: será aceptado y puesto en práctica. Pero en la tranquilidad del hogar cuando escuchemos los noticiarios, cuando repasemos las páginas de los periódicos o revisemos las entradas de meneame.net levantaremos los brazos en forma de victoria. Lo estamos consiguiendo. Tenemos lo que nos merecemos por inmaduros, incultos, insensatos, frívolos y cobardes. Somos incorregibles. Pero no, yo tengo la certeza de que toda la culpa proviene de nuestra calamitosa educación(1), de la infecunda herencia de nuestros antepasados, del enorme poder e influencia de las empresas y las grandes marcas y por supuesto del seguimiento y nociva devoción hacia todos estos, nuestros “queridos” estrellas cotidianas. Pero sólo modificando un poco los parámetros que integran nuestro triste y adquirido brebaje cultural se puede corregir en parte este desaguisado: reconversión de ídolo a pasatiempo y el segundo paso, búsqueda y captura del referente más provechoso.

(1) En realidad nosotros no es que recibamos una buena o mala educación, si no otra cosa que no sé cómo muy bien cómo calificarla. Es como una especie de engrudo potentísimo cuyo fin planificado es encajarnos de forma irreversible en un huequecito de la maquinaria capitalista (de ahí el concepto de hombre-tornillo que he acuñado en este ensayo). El material del que está hecho es tan eficaz que en caso de querer despegarnos, liberarnos, esta tarea nos resulta inasumible. Como mucho podremos desplazarnos unos milímetros del lugar asignado. En el heroico caso de optar por desasirnos de sus garras viscosas, deberemos realizar una fuerza hercúlea, extraordinaria. Eso sí, una vez emancipados, sentiremos miedo de caer al vacío, de partir hacia lo desconocido, por lo que en multitud de ocasiones cesaremos en el empeño y preferiremos mantener nuestro irrisorio status. Más vale pequeño hueco conocido que todo un universo por conocer, ¿cómo me iba a manejar yo en un espacio tan gigantesco? Pues a ese especie de adhesivo barato y roñoso es a lo que llamamos hoy en día "educación". Más que proveernos de la facultad de alcanzar una gran libertad nos conmina a recluirnos en una vida con pocos alicientes. Y por supuesto a nunca formularnos preguntas sobre la naturaleza de sus postulados.



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