El anti-ídolo. Ensayo y crítica sobre los ídolos contemporáneos.

Creado: 31/1/2012 | Modificado: 19/3/2014 1365 visitas | Ver todas Añadir comentario



 

¿Gana los ídolos, gana la humanidad?

Miles son los conflictos que arden como altivas hogueras en esta sociedad esperando ser atenuados, sofocados, y desconfío que el hecho de proponer una disciplina que incite a los niños y adultos a meter un balón en un cesto sin fondo, a romper la barrera del sonido montados en un cacharro de ultimísima generación, a dominar con soltura una Honda o Yamaha de 300 CV, aporrear la cara de un contrincante hasta machacarle las cejas o el mentón, liarse a pelotazos durante todos los días de su vida o repitiendo unas pautas para controlar las reacciones de su cuerpo se pueda alcanzar lo dicho anteriormente, es decir dudo sinceramente en mi modesto modo de entender que sea el modo más efectivo de establecer más desarrolladas pautas de convivencia y ayudar a disipar muchos de los conflictos que nos taladran los oídos en los noticiarios. Cada uno es lo que es, no atribuyamos cualidades ni méritos a quienes no las merezcan, debemos darles la dimensión que se merecen.

¿Y si este no es un argumento convincente y determinante? ¿Cuál lo es? ¿Qué la Marujita de turno se lía con el tal Ronaldito? ¿Qué Rudy Fernández ejecute un mate en el careto de Dwight Howard o Navarro nos deleite con sus “bombas” sin metralla? ¿Que Fernandito Alonso se trague dos “Red Bull”? Quizás que la señora Penélope sea condecorada por su "brillante" carrera filmográfica. O a su marido Bardem por su genial interpretación de "No es país para viejos"(1) Todo eso queda muy bien para las fotos sí señor, pero…

(1) De verdad, a cualquier cosa la califican como cultura hoy en día. Yo, poco después de visualizar semejante "obra maestra" me imaginé corriendo alborozado a gritarle a mi querida madre, "mamá, mamá, ya sé lo que quiero ser de mayor, ¡quiero ser psicópata! ¡molaaa!". MM, bueno, no sé si era esto lo que se suponía que había que aprender de este retrato de un asesino, ¿o quizás el fin era únicamente entretenerse? Nunca me aclaro. ¿Pueden ustedes explicármelo? Eso sí, mejor ver la peli esta que leerme la "Regenta" o algo por el estilo.

¿Acaso el objetivo de mejorar la sociedad  no es un argumento válido que debe integrarse en toda propuesta educativa? ¿Por qué no deberían deliberar, recapacitar y concentrarse en estos temas niños, adolescentes y también adultos? ¿Por qué no les enseñamos a Pensar, a Razonar con Mayúsculas? Sólo aceptando razonar sobre grandes cuestiones se puede alcanzar la meta de Gran Persona. Claro aquí surge un problema, ¡¿quién ejercería de profesor?! Ya la hemos fastidiando.

Arreglar el mundo
no debería ser un argumento discutible, si no El Mayor Argumento. Sí, con mayúsculas. Todos los demás son accesorios. Y no vamos sobrados de intelectos ni de mano de obra competente. Y por supuesto tampoco es este  trabajo que deba ser asumido únicamente por políticos o dirigentes. Es cosa de todos.

Es injusto entender deporte como poco más que perseguir la estela de una pelota, pero el objetivo principal de integrarse en una disciplina deportiva debería ser hacer ejercicio físico, socializar, pasar un rato entretenido, quemar calorías, etc. Por mucho que queramos inyectar miles de millones para promocionar la práctica de estos pasatiempos: meter una bola en un hoyo no tiene otro significado que meter una pelota en un hoyo. Lo lamento, no hay nada de talante divino en ello. Ni creo que un dios observando desde las alturas vaya otorgando semejantes “gracias divinas” por doquier como acto de “buena voluntad”. A menos, claro, que fuera un dios creado a la imagen del mismo ser humano “bendecido” por un espíritu trivial, grosero y prosaico, es decir materialista. En ese caso, la explicación saldría a la luz, se tornaría obvia.

Divertíos con tontos pasatiempos. Mientras el mundo se va al carajo.

Podemos manipular una piedra convirtiéndola en un objeto precioso pintándola de amarillo púrpura para que simule una gigante pepita  de oro y con ello engañar a la multitud creyente y vehemente, ávida de creencias baladíes. Pero al final, cuando la magia nocturna se esfuma y la realidad se impone en forma de nuevo amanecer, el pedrusco recupera su apariencia primigenia. Los artificios, por mucho que se revistan de bellezas y palabras lisonjeras, son sólo eso, simples artificios. Debemos ahondar en su núcleo, analizar su sustancia y encontrar la realidad que lo conforma. Tras un breve periodo de investigación llegaremos a la conclusión de que un pedrusco no es más que un guijarro grueso por mucho que lo maquillemos, lo disfracemos de drag-queen, o le incorporemos un micrófono escondido para que interprete canciones románticas cual Luz Casal. La piedra aunque se la vista de seda piedra se queda.

Las verdades esenciales se cubren de filosofía barata y antigua, pasada de moda, mientras que las modas pasajeras o artificiales pasatiempos se tornan dogmas de fe.

Millones de personas prefieren extasiarse contemplando a su héroe favorito pronunciar palabras triviales o tatuándose las caderas o el culo antes que detenerse a pensar en temas más serios. ¿Qué futuro nos espera con este tipo de personajes? ¿Qué esperanza cabe con este tipo de seguidores? Muy sombrío.

Hace ya mucho que perdimos el valor y la perspectiva de la cosas, de lo que humaniza y de lo que entretiene, no hay que ser muy culto o versado para estrellarse de morros sobre esta conclusión. A veces me pregunto si hemos confundido los términos o es que simplemente, y es lo que más temo, y me entra un sudor frío, defender los derechos y valores humanos más fundamentales  no es una prioridad que encaje salvo con calzador en nuestra escala de prioridades. Carecemos de tiempo para semejantes “chorradas”. Otra respuesta que se me ocurre tiene que ver con lo limitado de nuestra instrucción: no damos para más, sólo para ocuparnos de nosotros mismos y encauzar una vida sencilla y decente, atiborrados eso sí, de una ingente cantidad de frivolidad y tecnología de última generación. “No, la de 32 pulgadas no, la tele de 37 mola más. ¡Qué va! Ya que estamos, cojamos la de 40 pulgadas de alta definición y con usb, ¡total son 100 euros más y además nos regalan un ipod!

Enterrados entre tanto dispositivo cableado sólo podemos atisbar realidades electrónicas y alegóricas (irreales).

Tanta presencia de luces y voces, la masificación de información, más que iluminarnos, nos ciega, nos confunde.

Resumiendo, nuestros ídolos nos permiten acariciar ideas inaccesibles, ¿pero convierten nuestros sueños en realidad? Y cuando esos sueños ya forman parte inasible de un legado pretérito,  aún así, ¿debemos continuar perpetuándonos agarrados a esas nimias concepciones? Siguiendo la estela de los mismos triunfadores no sólo no les alcanzaremos jamás, sino que cada día se abrirá una brecha más amplia entre ellos y nosotros.

El ídolo representa la zanahoria del individuo de poco juicio y sin recursos. Este, embobado, sigue y persigue el rastro de su aroma día tras día, mes tras mes, sin presentar objeciones,  sin levantar la mirada del suelo. Un determinado día, de repente, despierta tras años de largas caminatas, yergue su famélico cuerpo y revisa sus pasos para afrontar una realidad desoladora: ha estado transitando todo el tiempo en círculos y apenas se ha desplazado unos metros de su posición inicial. Hasta ese momento, obnubilado ante la metafísica autoridad de la zanahoria, no había reparado en lo triste y absurdo de su situación. Conclusión: el individuo idólatra apenas ha madurado, se ha dedicado a repetir la misma insulsa rutina días tras día. Si el propósito era avanzar, crecer, florecer el fracaso se ha consumado. Una vez advertida esta situación, ¿adivinan cuál es su reacción? Yo se lo diré: aceptar sin pestañear su triste idiosincrasia y continuar con su misma rutina hasta que la muerte se consuma. He ahí el triste sino del idólatra.

Recuerde estos aforismos:
La mayores victorias son los dioses derribados. Superarles otorga una libertad sin cadenas, un  placer extraordinario y una autoestima todavía mayor.
La victoria sabe mucho mejor cuando nadie confía en ti. Muchas veces la compañía de nadie ha sido el mayor detonante para que un tipo normal se convierta en un héroe y así demostrar que él tenía razón y todos los demás estaban equivocados.
Si tu ídolo es honesto, poderoso, verdadero, cada instante que transcurra en su presencia te otorgará un pedazo de gracia, de genio, de poder que se integrará como un valor indestructible en el esquema de tu personalidad. Si ese no es el caso, deséchalo, no es tal.

Ahora les aconsejo mediten unos instantes acerca del contenido de la frase de Eduardo Galeano:
Hay quienes creen que el destino descansa en las rodillas de los dioses, pero la verdad es que trabaja, como un desafío candente, sobre las conciencias de los hombres.

Si nuestras expectativas de convertirnos en loquesea se quebraron, no pasa nada, ¡aún podemos optar a emprender nuevos caminos donde nosotros seamos intérpretes principales! ¡Podemos plantar un árbol, fundar un partido político o criar un hámster! ¡Rendir homenaje a la memoria de divulgadores científicos como Isaac Asimov, bailar salsa, o escribir un ensayo de mil palabras! ¡Hay tantas cosas gratificantes en el mundo como para repetirse una y otra vez en las mismas pautas!

Necesitamos ¡urgentemente! un nuevo tipo de referencia para las clases medias que reconduzca a las muchedumbres hacia una gloria mayor que las que disfrutan los ídolos en estos tiempos de incertidumbre. Créanme cuando les digo que, muchos de ellos, no son tan admirables. En muchos aspectos son iguales o peores que nosotros.

Desde luego, los individuos capitalistas son de lo más monótono y aburrido que existe, eso aparte de que son incapaces de procesar y digerir grandes conceptos. No hay ranura por la cual se los puedas insertar, los escupen al instante como si fuera “entes extraños”, como píldoras no asimilables por su organismo. Ahora, eso sí, absorben nociones y conceptos insípidos y superficiales a una velocidad asombrosa. Y por todos los poros de su cuerpo. Luego claro, cuando intentan retener una idea trascendente, ya no les queda rincón donde alojarla.

"¡¡No, no quiero leerme un libro de esos que dices tú. Me han dicho que si lo hago un dragón me aparecerá en sueños y me comerá viva!! Ok, vale, vale, no sufras. Toma una revista, ale. Ah, mejor, gracias, ¡qué alivio!"

Podemos superar a nuestros ídolos en miles de cosas, todavía estamos a tiempo, dejemos ya de babear ante su presencia.

No es difícil tener éxito, pasión por la vida, entusiasmo y ganas de vivir, una jugosa cuenta corriente, muchas amistades, múltiples aficiones divertidas, un gran amor y un largo etcétera. Sí, esta lista es exigua, se puede tener más que todo en esta vida. Lo expreso de esta manera porque para lo que algunos simboliza el “tenerlo todo” para otros ese “todo” comparado no representa más que una menudencia (si yo les contara...). La diferencia estriba en la calidad de las ambiciones del individuo. ¿Qué es tenerlo todo para usted? Quizás adhiriéndose a la “cultura del enfrentamiento”, su “todo” variara de manera considerable y llegara a constituir únicamente una porción de sus aspiraciones actuales.

Sin embargo, algunos parámetros que rigen la consistencia de nuestra educación están fallando. Y una de las importantes razones tiene que ver, en parte, con la recalcitrante e incorregible moda de imitar a esos, nuestros modelos y héroes cotidianos.






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