El anti-ídolo. Ensayo y crítica sobre los ídolos contemporáneos.

Creado: 31/1/2012 | Modificado: 16/6/2014 1392 visitas | Ver todas Añadir comentario



 

Alegoría. Mundos paralelos.

Imaginen en mundo paralelo una sociedad donde los deportes de alta competición no se les tiene en tan alta consideración y donde los valores morales se encuentran firmemente establecidos. En este hipotético universo, la actividad física se practica regularmente pero como un tipo de ocio sin grandes pretensiones. En el caso de que algún “descarriado”
individuo se le ocurriera, válgame la gloria del bendito dios paralelo, pegarle puntapiés a una pelota más allá de unos pocos ratos a la semana, la gente le observaría atónita, sin entender su infundado comportamiento, como si fuera una especie de “extraterrestre” excretado desde alguna dimensión desconocida; frunciría las cejas, arquearía los hombros en señal de disensión, le señalaría con el dedo como marcándole con una cruz “¿Qué hace este tipo? ¿Por qué desperdicia su tiempo de esa absurda y extravagante manera?”. Esas reacciones se verían incrementadas al darse cuenta alguno de los individuos implicados que en el ámbito de los juegos, al disputar un partido y debido a su superior entrenamiento, este extraño transeúnte les deja en ridículo. El resultado de defender tal inusual hábito es que los seres humanos calificados convencionalmente como "normales" acabarían por tenerle tirria y le aplicarían sin rubor alguna una serie de adjetivos o frases disonantes. “¿Para qué dedicar tanto tiempo a los juegos?, eres tonto, rarito, dedícate a actividades más solventes, ¡madura hombre! ¿Qué quieres, ser el perfecto domador-de-balones? ¿Pero tú en qué mundo vives? ¡Baja a la tierra hombre! ¡Este chico acabará haciendo sus 'monadas' en el circo!”. Total que el pobre chico más que probablemente sería recriminado por su actitud anticonvencional o antisocial. Sería llevado en presencia de un psicólogo de inmediato con la misión de corregirle esos insólitos desarreglos en su personalidad.

Es decir, acertada o equivocadamente, no le permitirían emanciparse como deportista de alto nivel ya que la lógica social reinante actuaría como un viento huracanado empujándole en dirección contraria. Imposible avanzar. Destilar un rato de sudor, bien, aspirar a un trabajo remunerado nanay de la China paralela.  En ese caso, aquel pobre infeliz sólo podría imaginar un mundo imposible con partidos de Champions League y se pasaría horas enteras entrenando de forma solitaria, oculto, sorteando la presencia de otros individuos con el fin de evitar el duro trance de ser considerado un vulgar descarriado. Todo ello albergando la esperanza lejana, quizás baldía, de un futuro reconocimiento
aun minoritario, de un pequeños aplauso, de alguien que finalmente reconociera lo que él consideraba un noble esfuerzo. Diferencia infinita de calidad futbolística es la que separaría a jugadores de los mundos separados por algún agujero de gusano cósmico. Al pobre "bicho raro" no le quedaría más remedido que armarse de valor y algún día salir a la palestra (¿quizás debería utilizar el símil: salir del armario?), comparecer ante los medios "hostiles" ante su forma de proceder, pedir un momento de atención, una indulgencia o gracia pública para que le dieran una oportunidad de fomentar el deporte que él practica como posible actividad "profesional". Igual le escuchaban. O se cachondeaban de él cuando sacara su pelotita de la mochila y empezara a dar "toquecitos" con ambos pies. Quién sabe.

En la versión especular de aquel cosmos las cosas transcurren de forma distinta, se estimula el oficio del especialista pero no el pensamiento global, que atenta contra el especializado (aunque en realidad lo complementa), tampoco se fomenta la crítica regeneradora (salvo quizás en temas económicos y políticos), mas bien se acepta a regañadientes, y en caso de que alguien estudie tanto estos temas o se haga preguntas solventes, a menos que se relacione con su profesión se le observa como un tipo extraño, se le espeta “no te calientes la cabeza, el mundo no se puede cambiar”, "céntrate en tus estudios, no seas tonto, estás desperdiciando el tiempo". Más aún, si este no se anda con tiento o presenta debates polémicos en situaciones no aptas para ello, es decir cuando habla cuando no debe corre el serio peligro sufrir el martilleo de frases tan agradables como: “menudo empollón”, “qué pesado”, sobre todo si pone en duda las creencias de la persona presente o pretende razonar en un nivel de conversación un tanto elevada, más allá de las frivolidades de turno. Es decir, corre el riesgo de verse apartado por "rarito".

Sin embargo, atados a este contexto, es absolutamente ridículo intimidar a un niño o adolescente con consejos del tipo: “¡No juegues tanto al fútbol que no vale la pena, no vas a llegar a nada!”, si no que se proclama justo lo contrario. Es decir, la estima que le procura su entorno aumenta proporcionalmente con el nivel habilidad demostrado en el ámbito de los juegos y pasatiempos afines. Incluso al infante que muestre la intención de "ser el mejor del mundo", se le trata con mimo o esmero, incluso con admiración y a nadie se le ocurre agarrarle de la oreja y llevarle al especialista de trastornos mentales para averiguar qué cable se le ha cruzado. Una vez talludito, aquellos qua alcanzan un mayor grado de pericia, gozarán de la gracia, la simpatía y el empuje de todo un país para alcanzar su objetivo. Y los ganadores además, según especialidad, serán agasajados y colmados de honores, e incluso serán llamados a desfilar como héroes o patrimonios de esa humanidad.

Al final, la diferencia de concepción del mundo es obvia, sólo que en este se razona para construir, por explicarlo de alguna manera de forma resumida un “fútbol" "un deporte mejor” (aplíquese a otros círculos reducidos) sin tener en cuenta deontología moral alguna de los participantes (se desecha por considerarse un escollo para tales fines). En el anterior por el contrario se  pugna para construir un mundo “global” mejor, es decir con un mayor equilibro de recursos, más justo, evolucionado, que a su vez implica mayor confianza entre sus miembros, un ambiente menos beligerante, solidario y compatibles con los valores fundamentales que permiten una convivencia pacífica y por supuesto una vida más plena y rica. Y ¡por supuesto! entretenida.

En este mundo la sola idea de que no cientos si no varios millones de personas sufran por plagas como enfermedades, mueran debido a la falta de alimentos, o que proliferen millonarios tan egoístas y superfluos que no contribuyan de manera altruista a solventar problemas sería considerada una pesadilla absolutamente inconcebible para todos los constituyentes. Sin excepción. Los cuales, indignados, tomarían cartas en el asunto para remediar semejantes y cancerígenos asuntos. En realidad esas oscura quimeras, así como muchas otras perturbaciones a gran escala, jamás podrían darse: serían previstas y erradicadas con mucha antelación y paliadas con rapidez. Sólo medrarían aquellas que esquivaran al poder de la ciencia contemporánea o al enorme compromiso social. Hablamos de un mundo de Personas con mayúsculas, que a su vez, ocupan su lugar en el entramado social ejerciendo su trabajo de especialista.

En este inventado paraje la gente con el paso de los eones logró madurar: en su escala de personajes populares no se incluyen  a domadores o traficantes de objetos en los primeros lugares, salvo que estos demuestren otras actitudes menos "básicas" y que sí permiten un evolución de la especie humana sin generar unos desastrosos efectos secundarios.  Y no, no necesitaron miles de años de evolución como homo sapiens para llegar a semejante conclusión. No fueron tan ceporros ni demostraron tener menos inteligencia que una ameba.

No hay que ser muy avispado para comprender que, dependiendo de las profesiones que descollen y a los valores humanos a los que se dé preponderancia,
y en resumen, a los seres humanos a quienes se encumbre, la sociedad que acoge a sus constituyentes tomará un rumbo acorde a esas preferencias.

¿En qué punto de la evolución como homo sapiens nos encontramos nosotros?
Mejor no contesten.




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