El anti-ídolo. Héroes por el esfuerzo. Crítica a la mentalidad materialista.

Creado: 31/1/2012 | Modificado: 1/7/2014 1335 visitas | Ver todas Añadir comentario



 

Héroes por el esfuerzo. Crítica a la mentalidad materialista. Segunda parte.

Modelos contrapuestos

Tomemos dos niños al azar. Imaginemos que el primero posee unas cualidades envidiables para la práctica de algún deporte de pelota. Supongamos que el otro  nació sin ningún talento destacable salvo una especial capacidad de observación y una innata curiosidad por conocer como funcionan las cosas.

Continuemos con las suposiciones. El primero lee con serias dificultades, no le apetece asistir a clase salvo que se le imponga tal rutinaria disciplina, tampoco se le puede calificar como un tipo especialmente simpático, incluso adolece de falta de empatía y ocasionalmente se mete en líos. Este dechado de facultades evoluciona jugando al balón con sus compañeros y posteriormente continúa su labor de aprendizaje dentro de la disciplina del club que le ficha; se reforma poco a poco hasta llegar a unos completar unos requisitos muy básicos de urbanidad y civismo, haciéndose entender utilizando oraciones simples y algún esporádico chiste sin demasiada gracia. El segundo modelo se licencia en varias universidades, escribe varios libros de relativo éxito, participa en diversos proyectos de ámbito intelectual y solidario, dirige una pequeña empresa, domina varios idiomas, posee una amplia cultura y unos valores intachables, etc.

El primero a duras penas reconoce la diferencia entre un árbol y una farola. Sin embargo, con el tiempo, llega a convertirse en un pelotero de élite. Al hábito de patear un balón dedica la mayor parte de su adolescencia y  juventud. Eso, aparte de disfrutar rompiendo los mandos de la play (station), pensar en el sexo buena parte de su tiempo libre tiempo o dedicarse a hojear las fotos de las revistas de coches. Con un gran trabajo de perfeccionamiento como pelotero llega a consumar una carrera profesional de alto nivel. Recae en su actitud conflictiva: se emborracha de cuando en cuando, insulta a todo rival que encuentra por el césped, censura a quien no comparte su opinión, demuestra una actitud machista y arrogante, presume abiertamente de su incultura, se comporta de forma maleducada, detesta la lectura, crítica a los árbitros, engaña a su novia con prostitutas, despilfarra el dinero en tonterías e idioteces, pero tiene carácter dentro de un terreno de juego. Se podría definir a este sujeto, sin temor a equivocarse, como un ejemplo calamitoso de ser humano. Sin embargo sus defectos siempre se encubren por su gran calidad en el manejo de un balón de cuero. Más aún por el hecho de demostrar coraje (dentro del terreno de juego o escenario, aunque traspasados los límites del césped se comporte como un verdadero cobarde).

Supongamos que la mayoría de gente apenas conoce esas facetas de personalidad, ni tampoco se preocupa en averiguar de qué pie cojea. No importa, aunque tuvieran fe de esos escabrosos detalles tampoco pondrían el grito en el cielo si se cumple la condición de que el susodicho colabore en la victoria de su equipo. Tarea que a fin de cuentas, es lo único que adquiere relevancia para los seguidores y para la sociedad que lo amamanta.

Pregunta del año: ¿Quién cree que será más aclamado y reconocido? La respuesta es más que obvia. Todos los defectos del mundo pueden no valer nada al lado de una virtud (que ni siquiera sé si se puede catalogar como tal) bien desarrollada. Y si desfilara como delantero en la alineación de su equipo, ya sabe usted a quien la gente de a pie le pediría una autógrafo, ya sea para él o para su "esperanzado" hijo. Igual al solicitante se le desencajaría la cara y lloraría después de recibir ese emolumento magnífico: el autógrafo (o una camiseta). ¿No le parece aberrante? Cree usted que exagero, ¿acaso conocemos algo de la identidad  fuera del campo de algunos de sus aclamados ídolos? ¿Hemos reflexionado más allá de los 5 minutos para saber si aquello que defendemos es realmente digno de tanta prolongada atención y cortesía?

Pues con algunas de las características relatadas los hay y ha habido. De la misma naturaleza, e incluso peores. No lo dude(1). Lo lamento, pero ahora es el momento justo de plantearse las aptitudes y actitudes que patrocinamos y alentamos.

Recuerde, y esto que le voy a comentar adquiere una vital importancia, no patrocinamos únicamente el amor a un deporte o disciplina artística sino también el controvertido carisma de los protagonistas en cuestión, es decir también sus carencias defectos y los que la industria milmillonaria traen consigo. La frase: “No me importan tus devaneos fuera del terreno de juego, tú sigue jugando tal como sabes, que yo te seguiré animando.” recalca lo fundamentado anteriormente de manera esclarecedora. Destaca del personaje ejemplarizado una virtud y esta parece silenciar u ocultar todas sus carencias. Esta decisión, multiplicada por los millones de seguidores que la profesan trae consigo efectos secundarios absolutamente devastadores.

Repito, devastadores. Siga leyendo.
 

Nos importan tan poco los problemas ajenos, ya sea del vecino, locales, regionales o mundiales, de tal modo que no dudaríamos en criticar o condenar al ostracismo a la mejor persona del mundo si ello implica replantearnos nuestras aficiones o creencias. Sin embargo no vacilamos ni un segundo en reunimos en masa para elevar un individuo de discutible valía humana a la categoría de Ser Supremo. No sólo eso, lo enriqueceremos hasta límites inverosímiles si ello nos permite ser partícipes de la victoria en un gran campeonato, partícipes de un sueño o esperanza aun falaz e inalcanzable y que no propugne un bien global. Luego, predicaremos con el ejemplo.

Lo divertido, lo in, lo chic, lo que mola, lo que es cool, guay, kitsch, es bienvenido (y bienvendido). Todo aquello que nos hace pensar más de la cuenta es malvenido (y peor vendido). Bienjodidos estamos pues.

¡Viva la sociedad del espectáculo!


Más aún, este sujeto, ídolo de masas, podría sentirse infinitamente satisfecho consigo mismo, y pasearse por las calles con una autoestima propia de un zar de Rusia y creyéndose el más chulo y guapo del universo. No hay duda que su peculiar idiosincrasia será ensalzada e imitada por sus descendientes y por supuesto, por sus fieles siervos, perdón seguidores.

El problema que se deriva de tal rocambolesco planteamiento,  es que aparte de sus dotes como deportista (actor, artista, etc), sus otras “maravillosa cualidades” se reproducirán por ósmosis como un agresivo virus, que se expandirá por doquier invadiendo las mentes de millones de personas: cualquier de ellos entenderá qué virtudes deben interpretar como esenciales y cuáles como irrelevantes.

Alguien debería hacerse responsable, pero ya, de toda la retahíla de efectos negativos de ensalzar a según qué tipo de actores terrenales. Si cree que exagero y particularizo en un caso extremo, entonces voy más allá: aunque el ídolo careciera de defectos graves y se condujera por la vida de un modo ejemplar, aún así distaría de representar el mejor paradigma de persona, ya que en el fondo aquello que glorifica, por lo que se deja la piel, se reduce a la escenificación de una simple recreación humana, una arbitrariedad (es decir una farsa), dentro de la cual también pululan cientos de individuos con actitudes antiéticas o apáticas. Obviamente, si participa de la mismas reglas del juego resulta cómplice y copartícipe de las bondades y maldades de la industria de la que forma parte. ¡Obviamente, no va a ser partícipe únicamente de todo lo bueno!

El relatado caso "extremo" viene a colación para demostrar que no importa lo defectuoso o botarate que sea un tipo, mientras nos divierta o pertenezca a nuestro grupo, club o asociación, no le tacharemos como indecoroso sino que le empujaremos a mantener su status de campeón. Todo lo demás nos importa un carajo... mientras meta un gol o una canasta para nuestro equipo, mientras nos emocione con sus canciones, mientras nos haga reír con su monólogos, o nos haga soñar con sus actuaciones en films taquilleros.

Y si cree que me equivoco, entonces no le queda más remedio que averiguar qué clase de individuo se esconde detrás de la máscara que esconde cada jugador, humorista, cantante, artista, político (etc). Revisar qué cualidades atesora, qué ideales defiende y cuál es en realidad su aportación a la sociedad. En más de un caso se llevará una desagradable sorpresa. En la gran mayoría descubrirá que su formación humana quizás no supere a la de cualquier ciudadano de pie. O a la de usted mismo. Y sobre el segundo caso, como suele suceder, ya nos hemos olvidado de él: es un ser anónimo, desconocido, un tipo errante cuyo trabajo y creencias no serán jamás debidamente reconocidas. Quizás debería plantearse tirarse a la novia del primer ejemplo futbolista, eso sería un paso adelante para “reducir las distancias” de popularidad. De este modo, la gente empezaría a conocerle, a identificarse un poco más con él. Sí, señor. Revistas para que se afiance como especialista en la nueva tarea existen unas cuantas. Precisamente porque millones de lectores demandan tales lamentables usanzas.

Seamos realistas, la sociedad puede sobrevivir sin jugadores, sin fútbol, baloncesto, pero dudo que lo haga sin valores de primer orden, como inteligencia emocional, cooperación, justicia, o un reparto equitativo de recursos (¡y de halagos!). ¡Luego háblenme de crisis!

Un ejemplo similar podría realizarse si se cambiara el futbolista por el “héroe empresario”, cantante, etc. Por cierto, en caso de haber elegido un rapero los párrafos anteriores hubieran resultado más crudos de leer, recuerden que muchos de ellos provienen de barrios marginales donde la vida es una batalla diaria por la supervivencia.


Segundo ejemplo:

Imaginen a otro individuo cuya pasión se inclina hacia la práctica del deporte de la canasta. Este tipo, un prodigio de la naturaleza, una mezcla de Lebron James, Jordan y Larry Bird, se comporta como una auténtica ametralladora a la hora de encestar balones desde cualquier posición de la cancha. Mete de media 40 puntos por partido. Nadie acierta a defenderle con solvencia. Además, el tipo no sólo es hábil con un balón en las manos también se las apaña con los libros. Con el tiempo adquiere varias licenciaturas universitarias, y por si esto no fuera suficiente, se expresa correctamente en 6 idiomas. Gana 100 millones de euros gracias a su sueldo y contratos publicitarios. Una mala bestia. 

Nada, no hace falta seguir. No importa.

Si lo que permitido alcanzar la fama es calzarse unas Nike y pegar estratosféricos botes cual canguro australiano realizando mates descomunales que adornen el Top 10 de jugadas de la semana en la NBA, los demás van a tratar de reproducir su modo de vida en aquella disciplina que le ha permitido elevarse sobre el común de los mortales, es decir, lanzar a canasta. Y si habla tantos idiomas como C3PO (el androide de la Guerra de las Galaxias) “pos fale” como si quiere tatuarse la imagen de su perro en las posaderas. Por qué al fin y al cabo, ¿para qué utilizará ese repertorio de vocabulario políglota, para referirse y ensalzar a su amado deporte o para articular un convincente discurso sobre la paz en el mundo? No hace falta que me conteste.

Todos los imitadores, ya saben qué camino van a tomar, gravitarán alrededor de la influencia de los astros que defienden este popular juego creado en 1891 por el señor James Naismith. Van a jugar al basket. Por tanto, su presencia arremolinará a más gente a su alrededor y convertirá a este juego de 5 contra 5 en un evento todavía más multitudinario... si cabe. Sus otras virtudes probablemente sólo impulsarán más su carrera. Le servirán de gracioso "aderezo" o atractivo complemento. Quizás cuando abandone dicho "saludable" hábito entonces quizás y sólo quizás se enfocará en promover otras prácticas intelectualmente más provechosas. Mientras tanto, él constituiría la imagen más reconocible de este divertido deporte.

El problema de defender la fecundación de esta suerte de ídolos es que proyectan al mundo la idea de que aun siendo un tipo culto o inteligente (que la mayoría de veces no es el caso) es preferible entregarse diariamente a un entretenimiento molón más que a cualquier otra sustento que incluya "quebraderos de cabeza" en su menú principal.  Su actitud, por tanto, se impone como una declaración de intenciones de orden mundial. "Con todo lo que soy, con toda mi enorme capacidad, mi inteligencia, a lo que realmente aspiro es a dedicar mi existencia a meter pelotas en una canasta elevada 3.05 metros sobre el parqué. Mi amor por el baloncesto está por encima de todo, lo demás es accesorio, me dedicaré a ello en mis ratos libres.". Faltaría apostillar al final de la última frase "si me apetece", porque no tiene obligación de aplicarse en otros menesteres.

En mundo menos sometido a la dictadura del número uno y a la persecución obsesiva de victorias pueriles, al verdadero ídolo se le escucharía proclamar con orgullo: “Aún conociendo mis grandes dotes atléticas prefiero dedicar mis recursos físicos e intelectuales a diferentes causas que considero más importantes y perentorias para el progreso de la humanidad y no quiero hacerlo únicamente en mis ratos libres, se merecen todo mi tiempo. Sacrifico por tanto mi carrera deportiva a nivel profesional.”. Obrando de este modo enviaría un potente mensaje a la humanidad relegando su talento deportivo a un aspecto meramente secundario, encajando las piezas de manera inversa: valores humanos primero, valores deportivos después.

Pero tal acontecimiento dudo que se dé salvo como una extraña paradoja en este depauperado planeta: el practicante de deportes de élite siempre recibirá más incentivos para ejercitarse como tal (o como actor, empresario, cantante, farandulero, etc) que formándose como pensador, científico de alto nivel o revolucionario con buena voluntad. Prima, de manera exagerada además, el amor por los objetos que por el ser humano y su sufrimiento en una sociedad capitalista. Eso es terroríficamente innegable y muy fácilmente demostrable.

En resumen, no importa si nuestro campeón se licencia en la universidad de Harvard, en Oxford, en el MIT o la Politécnica de Madrid, porque si no cumple en ejercer su profesión, si no desiste de aplicar y desarrollar sus conocimientos, es decir si no ejerce y predica con el ejemplo entonces todo su conocimiento, su bagaje intelectual no aportará nada a la sociedad en su conjunto. Imaginen, si no, a un jugador con un talento comparable al del velocista Usain Bolt o al del actor Matt Damon. Si este sujeto decide, por el motivo que sea, abandonar la práctica deportiva (artística) y recluirse en el anonimato. Dado tal extraño planteamiento, ¿cuál cree que sería su contribución al negocio al que anteriormente venía ligado? Cero patatero.

No me hablen de sus creencias, dígame qué hacen, cómo colaboran (diariamente) para que esas creencias se materialicen. ¿No hacen nada? Pues entonces no se engañen, en ese caso sus proclamas son vanas e insostenibles. En efecto, si no hay actos que respalden y justifiquen nuestras ideologías, entonces estas son no más que humo, palabrería sin contenido.

Es este un tema a debate. ¿Usted qué prefiere que el tipo al que admira sea culto, íntegro, preocupado por temas sociales o que adolezca de la sensibilidad, la lucidez y la perspicacia de un adoquín? Era una pregunta retórica. Por supuesto ya conozco la respuesta. Cientos de millones de personas me responden cada día. A todas horas, ejemplos:“¡Nos da igual todo mientras gane nuestro equipo!" "¡Me importa un rábano cómo se llame o si toma drogas recreativas con lo buena que está y lo bien que canta!”. Ok, perfecto, gracias a esta disoluta idiosincrasia quizás empujemos ganar a nuestro equipo, a nuestro pagoda particular, pero infortunadamente el “equipo de todos”, la sociedad, va a sufrir de severos cataclismos. Y todos tan contentos, aunque estemos en el paro. Así claro, luego vienen los lloros, las crisis, o los "¡Yo qué sabía!"

Otra pregunta relevante que me viene a la mente: ¿y cómo una teóricamente buena persona puede permitir que un talento como ese desplace de manera totalitaria a otras virtudes más admirables? Sólo hay dos opciones, o por ignorancia o por maldad. Repito, sólo dos opciones: o por ignorancia o por maldad. Si es por ignorancia debería empezar a corregir inmediatamente esa deficiencia. Una buena manera es leer los libros de la bibliografía de este blog. Si es por maldad, espero que alguien pueda reconducirle por el buen camino.

Sólo queremos aquellos hechos que justifican nuestros actos, que encajan en nuestras ilusiones y justifican nuestros prejuicios.
Dale Carnegie

Reflexiones finales:

Unos cuantos ídolos así y a los tipos como yo impelidos por la desestabilizadora presión reinante nos tocará cerrar la “paraeta”. Cogeremos (metafóricamente claro está) un lanzallamas y le prenderemos fuego a nuestra colección de "libros inútiles" concebidos por autores estúpidos e incompetentes, cuya misión fue cometer la tropelía de meternos "extrañas ideas en la cabeza", pediremos perdón a la humanidad por nuestra presencia que parece incomodar. Castigo bien merecido por atrevernos a ejecutar sobrehumanas acciones tales como Sentir y Pensar (sí, con mayúsculas).

Dentro de la Gran Secta sólo se permite adquirir ciertos grados de libertad. Determinadas ideas no deben ser accesibles a la población "reclusa". Podría rebelarse. Hay que mantener al rebaño unido... del modo que sea. Destruir el pensamiento crítico forma parte de tal maquinado plan y nuestros ídolos contemporáneos resultan extraordinariamente eficaces para ejecutar tal imprescindible labor. Son las piezas clave.


Abandonaremos pues la estimulante tarea de reflexionar sobre el bien, el mal, lo visible o lo invisible (como la presunta materia oscura en el universo) por lo que nos resta de vida. Nos arrancaremos el corazón a pedazos, nos someteremos a una serie de lobotomías, o lo que es lo mismo a la visualización de bodrio-programas como Gran Hermano (que incluye en el pack a la señora Milá que ahora, por cierto, últimamente le ha dado por hacer striptis "con tal de subir la audiencia") y semejantes para acabar transformados en simples autómatas dirigidos por los hilos de los dioses del espectáculo. ¡Y así todos respirarán aliviados! ¡Este chico se ha reformado! ¡Ha madurado al fin! ¡Bieeen! ¡Celebremos una fiesta con Mercedes Milá stripper incluida (¿dentro de una gran tarta?)! ¡Síii!

El individuo-masa goza idolatrando a quien le divierte y le hace soñar, pero censurará sin compasión a todo aquel que pretenda abrirle los ojos (la mente) e instruirle con el fin de reconciliarle con las grandes ideas de la humanidad. El individuo-masa u individuo-tornillo detesta la grandeza, huye de la Libertad (que requiere Responsabilidad), detesta la Verdad (que no coincida con su mentalidad) y rehúye y desconoce el significado del Gran Amor, apenas si reconoce el valor de la Justicia y pugna diariamente por agenciarse un nicho donde pueda demostrar sin ambages su irreprochable e infinita condescendencia.

No obstante, pese al ambiente enrarecido me mantengo firme en mi decisión, al menos hasta que me queden fuerzas, de hacer lo humanamente posible por ayudar a fomentar el desarrollo del carácter de todo aquel individuo con ganas de demostrar al mundo que un solo ser humano consciente de su poderío está capacitado para abordar y consumar gestas impresionantes. Y no sólo manipulando objetos o generando espectáculo.

Tendrán que encerrarme en una jaula antes de convencerme que este engendro de sociedad es lo máximo a lo que podemos aspirar con nuestro actual conocimiento de la naturaleza humana y nuestro nivel tecnológico. Cachís la mar, con qué humanidad más inútil me ha tocado convivir. Un día despertaré y contemplaré atónito a a millones de personas extasiados ante la presencia de un nuevo ídolo-Bob-Esponja (más agilipollado si cabe), a decenas de políticos porfiando por hacerse la dichosa foto con él... y a la mayoría de intelectuales agachando la cabeza y agregándose alegremente al rebaño.

Moraleja:
El ser humano es tan rematadamente torpe por una sola razón: se entrena con una admirable disciplina todos los días para alcanzar ese clímax, el de despojarse de todo atisbo de sabiduría.
Se recoge lo que se siembra.
¿La educación hoy en día
? Representa un terreno abandonado y yermo. Un brote verde simboliza un suceso extraordinario. Tal espontánea presencia es arrancada por el guarda de turno. ¿El motivo? Mantener la armonía de lo sombrío, que es el único lenguaje que los habitantes de ese paraje reconocen como verdadero. Para ellos un prado verde no constituye una ventaja, ni siquiera un motivo de alegría, sino una amenaza de destrucción, el principio del fin de su universo conocido.

Recuerden esta frase:
Todo lo que germinará en este mundo con profusión será aquello por lo que sintamos devoción.

¿Por qué siente devoción usted?


(1) Ejemplos tenemos a porrillo pero puede echarle un vistazo a este artículo: http://www.jotdown.es/2011/11/ruben-uria-vinnie-jones-un-autentico-animal/
Un pequeño resumen: "The Times publicó en 2007 un polémico artículo sobre los 50 tipos más duros de la historia del fútbol (Football’s 50 Greatest Hard Men). Sin embargo, The Times decidió no incluir a Vinnie Jones en su lista. El motivo, que la naturaleza de Vinnie Jones estaba fuera de concurso. Se trataba del tipo más despiadado, salvaje y violento que hubiese pisado jamás un campo de fútbol, de tal modo que los otros 50, a su lado, parecían niñas de la caridad. Vinnie se comportaba como un ángel exterminador que sembraba el pánico.
Tommy Docherty, mito del fútbol británico, hizo una broma que quedó para los anales de la historia: “El himno del Liverpool es ‘Nunca caminarás sólo’. El del Wimbledon (equipo en el que jugó este sujeto la mayor parte de su carrera) es ‘Nunca volverás a caminar’”. Este "agradable" y "simpático" señor incluso grabó varios vídeos relatando decenas de maneras de agredir al contrario sin ser visto (posiblemente aún pueden visualizarlos en el portal youtube.com). Por cierto,  como premio a su personalidad "excepcional", la industria del cine le brindó la oportunidad de convertirse en actor. Su filmografía hasta la fecha es amplia y extensa (véase: http://es.wikipedia.org/wiki/Vinnie_Jones). Hoy vive feliz y ricamente (supongo) con su novia, modelo de profesión.






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