El anti-ídolo. Ensayo y crítica sobre los ídolos contemporáneos.

Creado: 31/1/2012 | Modificado: 14/3/2014 1487 visitas | Ver todas Añadir comentario



 

Ídolos con actitudes benéficas. Crítica.

Y si aún sigue pensando que es loable y admirable que algunos de estos grandes tipos funden o colaboren con organizaciones benéficas e incluso educativas, piénselo detenidamente. La primera reflexión es clara, obvia y afirmativa. Pero ahondando un poco más en el tema, observamos que si en vez de apartar esa sangría de millones que van a parar a los titanes de turno para que luego, en un acto subsidiario y ocasional puedan permitirse el lujo de apadrinar una ONG y similares, invirtiéramos la misma cantidad en las escuelas o desde los medios en una educación más global y cosmopolita en todos los órdenes, no nos haría falta la presencia de ninguno de ellos en medio de fastuosas inauguraciones, precisamente porque ya existiría un programa serio y minucioso que lograría cicatrizar nuestras heridas utilizando las más avanzadas tecnología y una educación propia del siglo XXI (no el actual bodrio, más propio del siglo pasado).

Pero nosotros, ciudadanos capitalistas, somos unos tipos tan cachondos y simpáticos que pretendemos arreglar nuestros problemas a base de ignorarlos o desviar la atención
. En otras palabras, preferimos echarnos una risas (o como decía el súperagente guarrete Torrente unas paj…) antes que llenarnos la cabeza de malos rollos. ¡Que los problemas los resuelven otros! Sí, claro, pero ¡es que los otros se escudan proclamando el mismo pregón!

Ejemplo:
Imaginen un barrio donde hay multitud de chicos que debido a la pobreza, el paro, o la falta de estímulos resulta que ocupan su tiempo de ocio con actitudes rebeldes y destructivas. Supongamos para ilustrar la cuestión que a los chavales, aburridos y faltos de estímulos, les da por apedrear los cristales de los edificios de las empresas del barrio. Como respuesta aumenta el número de cristaleros en la zona. Los niños siguen con su travieso comportamiento, su dejadez y desobediencia cívica y continúan con su actitud recalcitrante de ajusticiar a las pobres e indefensas vidrieras. La consecuencia lógica del aumento de cristaleros es que los daños se reparan más rápidamente. Por el contrario, el número de adolescentes díscolos parece aumentar más rápido que el de los bondadosos cristaleros. Total, aunque el oficio de cristalero se dispara en cuanto a número de aspirantes, los cristales sólo lucen íntegros un breve período de tiempo. Entramos en un círculo vicioso de nunca acabar. Como el tema se extiende y perpetúa, al final, el mayor y más boyante de las empresas de reparación de cristales se convierte en el Mariano Ortega de esta sociedad. En el ídolo empresario.

Reflexión:
Un análisis juicioso que nos viene a la mente (propio de un niño de 10 años) es, ¿y no sería más racional apartar a los niños de esas prácticas destructivas, en vez de promocionar el oficio de repara-cristales? Pues no, nosotros siempre optamos por la segunda opción, la menos buen, ascender al cristalero a status de dios reparador y al presunto educador (filósofo, científico, pensador, profesor), ya en período de extinción, que podría aportar sus sabias opiniones para atajar el problema le subvencionaríamos con cuatro pesetas o le relegaríamos a la cola del paro (al “banquillo” de los reservas). Así pues las fechorías perpetradas por los malhumorados infantes se perpetuarán por los siglos de los siglos. Total, aquellos “leprosos” o ciudadanos de segunda fila seguramente acabarían presentándose en casa del cristalero a pedirle un trabajito (aunque fuera mal pagado y en dinero negro), que para más inri no sería de profesor, ni orientador ni nada parecido. Seguramente acabaría con una bandeja en la mano sirviendo cervezas.

(1)
Así, dado un escenario con estas características, podría darse el caso en la vida real que un tipo presuntamente con una instrucción avanzada y triples galones universitarios (tres carreras) venerara sin mesura a otro que no superó la ESO porque se aburría o no carecía de suficiente aptitud intelectual pero que orientó su vida por otros derroteros y acabó enfundándose la elástica del equipo profesional del Villareal, revelándole además con envidia y en secreto que él siempre soñó con convertirse en tocador-de-pelotas, es decir, que siempre quiso ser como él. Llegado a este punto, no entiendo a este señor le sirvieron las carreras ni el dinero invertido en su formación. ¡Menudo fracaso! Sólo falta que algún premio Nobel se sincere del mismo modo, el estallido de felicidad, así como la carcajada del dios capitalista sería similar en magnitud al brillo emitido por una estrella supernova en período de menstruación. ¿Les resulta paradójica o extraña esta argumentación?, recuerden que un premio Nobel, con todo su prestigio e inteligencia, también pertenece a la clase de individuos especializados en grado máximo, es decir tampoco tiene necesidad de entender el mundo más allá de su laboratorio de pruebas y puedo presentar las mismas (o más) debilidades que un individuo de clase media intelectual.

Al final, lo que trato de decir es que si, en vez de darle tanto bombo a ciertas profesiones y deportes, cuyos representantes supuestamente ofrecen dinero a asociaciones benéficas, que curiosamente seguro se dedican a resolver problemas sociales, ¿no sería de perogrullo y menos contradictorio fomentar una educación donde estos valores estén respaldados, e incluso que haya modelos y referencias tan influyentes como estos grandilocuentes iconos para que se cree una descendencia alimentada con los mismos ingredientes? Pues no, parece que no. Esta sociedad para tapar agujeros subcontrata a un tenista, lo enseña a jugar, y cuando años después se enriquece, un día determinado, en un arranque de generosidad el tenista, caritativo él donde los haya, le ofrece una fuerte suma al gremio de “tapa-agujeros”. Acto seguido, unos cuantos de estos, felices y campantes, se ponen en camino hacia al lugar de la “tragedia” con tal de cubrir el desaguisado. Es decir tapar el agujero. Pero, oh vaya, para entonces el agujero ya se ha convertido en un socavón y además cual planta carnívora se ha tragado decenas de vidas. Consecuencia obvia: lloros y más lloros. Y también ramos de flores en forma de “redondel”. Eso se podría haber evitado, ¡qué putada! Obramos mal, tarde, de manera ambigua y arbitraria. ¿Cuál es la solución consensuada de los miembros del partido gobernante en este caso hipotético antes de que se produzca una manifestación multitudinaria de protesta? Construir rápidamente más pistas de tenis. Luego que no falte el hacerse fotos con “ellas” una vez inauguradas. Y todos contentos.

Si el exceso de horas que se ocupan considerando asuntos intrascendentes se dedicaran a promover la lectura de libros relacionados como los pros y los contras de la globalización, psicología de relaciones sociales, análisis e influencia de la publicidad en la sociedad de la información, cómo combatir el cambio climático, finanzas para torpes, consejos para la educación del niño en la infancia y la adolescencia, el poder de la mente o cómo hacer funcionar de modo óptimo nuestro cerebro, aprender a estudiar de forma efectiva, cómo emprender un negocio rentable, el significado de la felicidad, el innegable poder del halago o del pensamiento positivo, las bondades del consumo responsable, el carácter y la naturaleza del líder, control de la agresividad, la influencia de los ídolos de masas en el individuo, cómo librarse de las preocupaciones, diferencias biológicas entre hombres y mujeres, y un larguísimo e interesantísimo etc, nos daríamos cuenta de que hay temas que necesitamos revisar y asimilar sin demora. Cierto tipo de ignorancia es realmente dañina para la sociedad. También para los propios individuos, que navegan a ciegas, sin rumbo definido, en el océano de la incertidumbre. Y sin un conocimiento adecuado del medio es complicado llegar a buen puerto. Desafortunadamente, muchas de las cuestiones mencionadas en la lista (que no es más que un pequeño resumen) no se debaten ni en los institutos (flaco favor se le hace a los chavales). Menos aún en las universidades(2).

En esta sociedad no sólo necesitamos tipos especialistas, también otros más completos, cultivados y comprometidos. Y todos esos requisitos, no lo duden, pueden confluir en la misma persona.

Pero nosotros, capitalistas ingenuos e imberbes, hemos preferido alentar a los “cristaleros” (o individuos superespecializado) a perpetuar sus comportamientos y hemos descuidado la tarea cotidiana de revisar las grietas que carcomen nuestras ciudades. Y esta labor es cosa de todos y cada uno de nosotros, no sólo de los ayuntamientos o partidos políticos.

El futuro son los niños, los adolescentes, a los cuales desde muy pequeños se les instruye para que sepan sin lugar a dudas a quien admirar y a quien no.
Todos quieren ser cristaleros (o metáfora que simboliza el ídolo cotidiano).

(2). Nota universitaria:

Para muestra un dato, yo asistí unos cuantos años a la universidad y aparte de que apenas mantengo un vago recuerdo de las asignaturas del programa de estudios prácticamente nada de lo que escribo en estos párrafos se derivan de aquellas enseñanzas. Nada. Nichts. Niente. Nothing. Rien de rien. Por cierto, algunas de las materias obligatorias me resultaron tan insoportablemente tediosas que no dudé en no poner pie por clase en todo el curso lectivo con tal de evitar sufrir un síncope producido por el cúmulo de bostezos continuados. No es que me sienta orgulloso de haber faltado tanto a clase, pero escuchar aquella monserga teórica era, créanme, superior a mis fuerzas.

Y, por cierto, yo, como muchos otros que se vanaglorian de ello, no abandonamos nuestros estudios para alcanzar algún grado superior en nuestra especialidad. Seguimos adquiriendo múltiples y variados conocimientos. ¿Usted cree que hicimos mal? Yo no. Además, el día que decidí que sacar un 6 de media en Informática era un objetivo más que suficiente pues de ese modo podría aprovechar mejor el tiempo y conferirlo a otros menesteres tanto o más edificantes que empollar cosas altamente abstractas, y que además difícilmente iban a repercutirme de manera positiva una vez terminada la carrera. Como luego se demostró, ese día tomé una más que sabia decisión Decisión que atentaba contra la lógica imperante.

Excelente decisión sí, pero no tan sabia como concluir que contemplar las peripecias de “nuestros” ídolos cotidianos no me iba a volver ni más rico ni más alto ni más guapo. Entendí que debía adquirir una educación integral para evitar acabar limitado como licenciado en una subrama de una subrama de una subrama de otra subrama de las ciencias. Porque para más inri luego encuentras un trabajo y te especializas más si cabe. Si llego a seguir en esa espiral de constreñimiento hubiera acabado como lo que yo denomino como hombre-tornillo. Un individuo que ocupa un minúsculo espacio en la gran maquinaria, que percibe un sueldo más o menos decente, que además realiza todos los días las mismas tareas y carece de ideales mayores, entre otras cosas porque las responsabilidades familiares junto con el trabajo le roba la mayor parte del tiempo. Algunos colegas conozco que terminan programando media vida en 1 o 2 lenguajes de programación y poco más. Lo siento, pero ese destino a mí no me satisface en absoluto. Me siento como si me estrangularan, como si me dejaran sin aire, como si trataran de prensar mi querido cerebro. Sinceramente, ni aunque me contratara Google por un saco de euros y además agregara mi careto a su famoso logotipo, ¡que ya es decir!

Respetar aquellas decisiones me permite ahora contemplar el mundo desde la perspectiva análoga a la de una pantalla de 500 pulgadas. Con la guarnición del Dolby Surround y un HD avanzado. No se atrevan a ponerle precio a esa representación del universo. No lo tiene. Para mí un hombre es tan grande como el mundo que puede albergar en su mente, como los sentimientos que puede albergar (y defender) su corazón, como la calidad de sus creencias y el valor mostrado en defenderlas.

Y por cierto, obtuve un 5 y 6 en 2 de las más tediosas materias a las que antes hacía mención. Me dejaron los apuntes. Los tengo fotocopiados aún. Si quieren les mando una muestra para que se hagan una idea del contenido. Un montón de garabatos juntos que semejan un idioma alienígena.  Salí de la universidad con un título universitario brazo el brazo para chocarme con la realidad de los anuncios de empleo: no tenía ni la más remota idea de muchos de las cosas que demandaban. La definición de algunas de las siglas o lenguajes de programación destacadas en las demandas de empleo las tuve que buscar en Internet. ¡Menuda gracia me hizo!

En resumen, si aquel yo se hubiera encontrado con su réplica futura le hubiera adiestrado para emplear las horas de una manera tremendamente más efectiva. Sin embargo, el panorama general en aquel entonces no ha cambiado mucho si lo comparamos con el de hoy: sociedad de peloteros, tías guapas y tontas, humoristas, actores de cine, telebasura, etc, etc. Media vida desperdiciada escuchando las mismas  estúpidas cantinelas. Ahora sé que con unos pocos  años de cultura de enfrentamiento se pueden lograr más que con 30 años de pasiva complacencia y estudios concertados. Me siento estafado. Embaucado. La educación en esta sociedad es vergonzosa y lamentable. Una puta vergüenza. Así que... no tuve más remedio que "inventarme" una adecuada para mis pretensiones. La bauticé (no hace mucho) como "La cultura del enfrentamiento". Posee un nombre alternativo, algo pretencioso eso sí, "La teoría del todo en educación" (o cómo tenerlo todo en la vida y... además ser una excelente influencia para la sociedad).

Todavía está en obras, pero poco a poco va tomando forma. Admito sugerencias. Dios sabe dónde me llevarán estas ideas...





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