El anti-ídolo. Ensayo y crítica sobre los ídolos contemporáneos

Creado: 31/1/2012 | Modificado: 15/3/2014 2053 visitas | Ver todas Añadir comentario




Hemos ganado (el aguafiestas).
 


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A menudo, no es fácil llegar a ser lo que desean los demás, pero al hacerlo, renunciamos a nuestros sueños, abandonamos nuestras esperanzas e ignoramos nuestras necesidades.
Leo Buscaglia

Nuestro pequeño, querido (y enfadado) individuo entendió finalmente que la influencia de un verdadero ídolo debía de  proporcionarle algún vestigio de fuerza, de poder, de grandeza cuya latencia no se extinguiera en un breve lapso de tiempo. Pocos años después afirmaba afligido: "Me he pasado media vida haciendo grandes a los demás, discutiendo y enfadándome por temas banales, acudiendo al alcohol y a las pastillas para divertirme o para olvidar todos mis problemas y tirando a la basura un tiempo que ya jamás podré recuperar. El tiempo, que ahora por cierto considero el bien más preciado, lo he regalado, lo he dilapidado en una vida sin apenas entusiasmos, rindiendo pleitesía a individuos que en realidad apenas conozco, y que apenas me han aportado nada para mi vida cotidiana salvo la dependencia de sus éxitos y fracasos. Es doloroso darse cuenta (tan tarde) de que no era tan difícil aspirar a una vida mejor que la de reducirse a un pobre seguidor víctima de una educación tan gregaria. "

Si él, el ídolo, es en realidad una figura excepcional, recuerda que cada hora que pases en su presencia debería acercarte más y más a su altura. Para eso debería servirte cualquier tipo de referencia, para engrandecerte, no sólo para entretenerte o atontarte durante  un rato. Otra cosa igual de importante es que un verdadero ídolo debería ayudarte a valerte por ti mismo, a caminar solo con la seguridad de haber elegido el camino correcto y por ende se antoja necesario poco a poco desligarte de su presencia. En caso contrario, hazme caso, no es más que un tipo interesado: hará lo que esté en su mano para cautivarte y que te unas a su séquito. Y a poder ser para toda la vida. Una vez bajo su yugo, no oirás otros cánticos que los que él te imponga.

El protagonista de la anterior historia entendió finalmente que muchos de los presuntas figuras relevantes de esta sociedad del espectáculo reclaman demasiada atención y en ocasiones una prestación económica inconcebible para la recompensa que ofrecen a cambio.

Yo a eso lo llamo tomadura de pelo, el timo de la estampita, tirar el dinero, hacer el bobo, meterla doblada, etc. A mí no me importa pagar 10, 20, 30, 40, 60 euros por asistir a la actuación de cualquier artista que considere interesante. Lo he hecho, aunque sólo ocasionalmente (me considero un tipo demasiado nervioso y activo como ejercer de pasivo espectador, de hecho cuando veo deportes en la tele muchas veces compatibilizo la tarea leyendo algún que otro libro y es que a mi cerebro no le llenan tales ritos, cada día se vuelve más exigente). Pero lo que sí he hecho cientos de veces es desembolsar unos cuantos euros en cursos, libros de toda índole, academias de baile, gimnasios... es decir en una instrucción útil y que me ha sido de gran provecho para la vida ¡y sus efectos no se han desvanecido al cabo de las horas sino que han durado años! Y lo mejor de todo, sí lo mejor de todo, es que me he divertido infinitamente más. Tanto como me divierto escribiendo este ensayo despellejando a tanto ídolo de pacotilla. Imagínese a usted mismo teniendo sensaciones más grandes que cualquier victoria de estos señores tan "majos". Imagínese usted profesar creencias más grandes que lo que el fútbol representa. Déjelo, olvídelo, su mente no está preparada para "tales trotes", no ha sido entrenada para tal fin. Probablemente, y lo digo con pena, no lo entenderá jamás.

A los hombres y mujeres-tornillo reciben una concienzuda instrucción para que acaben ocupando un pequeño hueco en la maquinaria o engendro capitalista. Sus aspiraciones pasan por encontrar un humilde trabajo retribuido con un sueldo digno, albergar un pequeño amor y disfrutar de unas modestas satisfacciones. Poseen una entramado mental rudimentario, con falta de creatividad e incapaz de generar no sólo grandes ideas sino pequeños pensamientos originales. Algunas de las preguntas que surgen a colación son:

¿Por qué no se nos permite ni se nos ayuda a alcanzar objetivos más elevados? ¿Debe ser ganar dinero nuestro mayor objetivo? ¿Son las glorias empresariales o deportivas las que mejor definen a un gran ser humano? ¿Por qué se nos impone esta educación tan restrictiva? ¿Por qué no somos capaces de pensar y sentir con mayúsculas? ¿Por qué nos conformamos con tan poco? ¿No creen que es hora de rebelarnos ante tamañas injusticias?

Los grandes hombres y mujeres detestan la idea de encajarse como tornillos en un conglomerado mecánico tan imperfecto. Prefieren ser los ingenieros que produzcan las modificaciones en tal sistema para llevar su funcionamiento a otro nivel. Observan el funcionamiento del hardware desde fuera y así obtienen una perspectiva mucho más global, y por ende satisfactoria, de cómo se regulan los procesos de los sistemas organizados. Una vez comprendidos los mecanismos inherentes que generan los outputs son capaces de establecer los ajustes necesarios para incrementar el rendimiento sin corromper sus componentes vitales.

Resumiendo: hay que cambiar de manera de pensar para cambiarse uno mismo. Y también para cambiar el mundo.

Siempre lamentaré no haber empezado con anterioridad a poner entredicho todo lo que me han enseñado (es esa quizás mi mayor frustración). Mi consejo es que debe usted decidir si quiere adherirse a la masa vociferante, consumando la gran hazaña de convertirse en un puntito indistinguible (un ser carente de originalidad) o diferenciarse de todos como un tipo más original, auténtico y realizado. Si opta por esa última opción, le aconsejo que deje de animar tanto a los demás y procure animarse más a sí mismo. Desde hoy tu sema debe ser: "¡Yo puedo hacerlo!". No importa el qué, lo que importa es que crea en sí mismo.

Mira lector, hablando entre amigos, no te dejes embaucar. Pídeles a todos los que consideres referentes que te conviertan en un tipo más poderoso, que mejoren cualquier aspecto de la personalidad que tú decidas. ¡Con más motivo si además les pagas! Es más, confecciona una lista de deseos y exígeles que te ayuden a responder tus dudas y que te encaminen por la senda de nuevos proyectos existenciales. Si ni siquiera saben que responderte ("ya, bueno sí, el equipo es lo que importa, bueno, quiero que me paguen 6 millones en vez de 5.."), búscate otros más provechosos y estos déjales que se apañen solos. Y no te preocupes que ellos no van a llorar si tú no apareces por el estadio, ten por seguro se la repampinfla, porque en realidad, y siento decírtelo, después de años de "terapéuticas" visitas, sigues siendo un don nadie necesitado de desahogar tu falta de personalidad dentro del marco de un espectáculo circense. ¡Qué ruinosa inversión!

Te aseguro que te divertirás más viendo cómo cada día se incrementa tu autoestima, tu entusiasmo por la vida, tus habilidades sociales, cómo tu rendimiento físico y psicológico se multiplica, comprobando cómo se expande y se potencia tu inteligencia (sí, te aseguro que es posible) y por supuesto cómo consigues enriquecerte más allá de un sueldo mileurista  al tiempo que contemplas cómo los demás pasan los meses y siguen con su misma raquítica mentalidad. ¿No es caso esto preferible que ejercer como autómata pasivo o berrearle al árbitro de turno? Es más, cuando te des cuenta de lo rápido que avanzas bebiendo de las fuentes de la cultura del enfrentamiento... no vas a querer detenerte nunca (a mí me pasa). Al final, el futbolista más que parecerte un tipo al que rendir pleitesía te parecerá un... chaval simpático, quizás sin demasiadas luces (de estos hay muchos), al que no dudarías en darle un autógrafo a él si este te lo pidiera(1). Hay que ser humilde (y ahora viene la carcajada). Lo digo y lo repetiré las veces que haga falta, hay valores y creencias que tienen más peso específico y otorgan una fuerza vital tan terriblemente grande como para reducir a la mayoría de héroes de la industria del espectáculo a la nada.

A la nada.

Aprovéchate del poder de la cultura del enfrentamiento... y ¡ríete de todos ellos!

(1) O podrías ser más malvado y decirle, "Sí, sí, pídeme hora y para el 2014 igual te hago un hueco. Por cierto, la visita cuesta 5000 euros, los mismos que me gasté yo haciéndote grande a ti, machote. Si no te gusta, ya sabes... puedes volverte por donde has venido."






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