El anti-ídolo. Ensayo y crítica sobre los ídolos contemporáneos.

Creado: 31/1/2012 | Modificado: 2/4/2014 1703 visitas | Ver todas Añadir comentario



 

Entrevistas a famosos. Pleitesía. Apuntes de racismo.

Nuevo ejemplo revelador de la idiosincrasia del deporte de élite. Los hay por miles. Lean abajo:

A principios de años aparecía en boca de todos un jugador de color(2) de un equipo de “hercúleo” nombre, por conducir a casi 200 por hora en una vía de velocidad limitada, enemistarse con el club, por sus salidas de tono, etc. A este jugador de nombre “estridrente” por los méritos obtenidos luego le dedicaron canciones jocosas, múltiples seguidores le imitaban y le perseguían para abrazarle, eso aparte de intensa repercusión mediática. También, obviamente, le llovieron críticas y unos cuantos insultos no lo duden pero es que al final ¡el tipo acaba de ganar una fama inusitada! Además es ducho en el arte de vocalizar, el tío canta rap, y claro para que el tipo no se sienta solo, me cuenta un pajarito que el club fichó a su primo. ¡Será para que formen un sonoro dueto! ¡Viva el espectáculo! Bah, no hay problema, con un par de golitos se arregla todo este entuerto. No hay gol que un desaguisado no arregle.

Casos de atletas excéntricos y maleducados los hay a porrillo. Les animo a ustedes a que confeccionen una lista clasificada por deportes. Ejemplo, en fútbol: Gascoigne, Cantona, Cassano, Balotelli, Miguel, Terry, George Best... En el mundo de la música por ejemplo la muestra de nombre alcanzaría una longitud considerable. Les dejo a ustedes la confección de nuevas listas.
 

(2) El comentario anterior me viene al pelo para introducir un comentario sobre el racismo en los eventos deportivos:

"Negro" se entiende, pero prefiero escribirlo aparte y en pequeñito no sea que por escribir “negro” junto al término “jugador” me ajusticien verbalmente y me encierren como a Zipi o Zape en una urna o cuarto plagada de roedores hambrientos de carne humana. Esta es otra de las idioteces que pululan por ahí fuera, una sensibilidad infinita para defender ciertos temas, ninguna para tantos otros. Desde luego que somos unos tipos equilibrados y coherentes. ¿Si el señorito de color fuera un inculto, machista o presentara otros serias "taras de concepción", lo cual es más que frecuente, habría que amonestarle acaso? No, claro, porque cierto tipo de “racismo” (discriminación) es considerado tolerable e incluso resulta gracioso. Por ejemplo, se puede torpedear todo lo relacionado con la cultura al gusto de consumidor. Sin límites. Ahora ¡cuidado a quién llamas negro! ¡Será porque la falta de formación humana o la merma de educación no conllevan efectos desastrosos! En fin, no sé quién es el auténtico negro en esta historia. Saquen ustedes sus propias conclusiones.

Aplicando con coherencia lo que yo llamo cultura del enfrentamiento nos hubiéramos ahorrado cientos de años de racismo (y machismo también) y hoy se podría disputar un partido de negros contra blancos igual que se juega uno de rubios contra morenos. Ni más ni menos. Sin problemas. Desde luego, jamás hubiéramos llegado a este extremo de imbecilidad absoluta. Los que presumimos de sentido común y cultura científica no vemos blancos o negros, vemos personas, ¿sabían ustedes eso? Inviertan un poco más en estudiar un poco la historia de su propia especie y menos en pegarle un balón y se ahorrarán unos cuantos disgustos en temas de discriminación y prejuicios. ¡Y esto lo dice un ex-futbolista!

El racismo se asienta sobre una base  cultural y se alimenta de la ignorancia y de una descuidada formación histórica y científica. Debido a la supina insolvencia del individuo capitalista de iluminarse con apuntes de reveladora ciencia,   prefiere ponerle un parche a grandes problemas u ocultarlos cubriéndolos con bonitos eufemismos. Llamémosle “jugador de color”. Problema resuelto.

Y por cierto, en el caso de los cánticos e insultos racistas, hemos de aclarar que aquellos quienes utilizan sus bocazas como armas reprobatorias también permiten que estos señores “de color” obtengan cantidades astronómicas de dinero en concepto de sueldos y publicidad. ¿Preferirán nuestros queridos “bombones” sufrir esa leve o grave afrenta que ocurre dentro del ámbito del deporte que practican (y defienden) o quizás escogerían el anonimato, un triste sueldo y trabajar en un supermercado de reponedores (por decir algo)? Quizás la mejor opción pasaría por aquella de cambiar su fama por el anonimato con el complejo fin de tratar de convencer a la sociedad de que la lectura e instruirse en los deberes cívicos son pasatiempos tanto o más recomendables que la práctica deportiva, consejo que seguramente sí ayudaría a paliar los devastadores efectos que se derivan de los comportamientos racistas. Pero no, no los veo defendiendo tal magnífica proyecto. Por tanto todos estos afectados también deberían entonar el “mea culpa”. Ellos defienden esa mentalidad y ese modelo de negocio. Que no se quejen. Otros no ganan ni la infinitésima parte y viven en una situación mucho más precaria. De nuevo pregunto, ¿quién es el negro en esta historia?

Ellos, como aquellos (los aficionados racistas) en este contexto son bailarines de una misma coreografía, moviéndose al compás de la misma composición musical. Si no les gusta la representación, no pasa nada, pueden unirse al club de pensadores en activo y abandonar esa dudosa vía: el fútbol (léase, los deportes). Como opción alternativa, útil pero menos aleccionadora, alzar la voz y proclamar “¡Menos dinero para nosotros más para educación!”. No hay cojones.

Quizás después de todo, los insultos y salmos racistas les parezcan un mal menor aceptable si se tienen en cuenta las comisiones que van a parar a su bolsillo por ser parte integrante de un juego donde se prima el forofismo muy por encima de la lucidez y el raciocinio. Para erradicar el insulto desmedido, así como el cántico discriminatorio o racista, que al fin y al cabo no es más que una variante de un grave insulto, habría que erradicar el propio fútbol (o cualquier afición de masas) de la sociedad. Pasión, cerrilismo son, en mayor o menor medida, partes indisolubles de los deportes (espectáculos) de masas. Lo tomas o lo dejas. Y si realmente quieres cambiar las cosas me temo que, al menos en este caso, mejor desde fuera que desde dentro.


Toda palabra demasiado crítica con los modelos imperantes se tacha de ofensa o ataque desestabilizador. Las modas están tan impuestas, tan impresas y adheridas a las mentes de los lectores y televidentes que no se discuten provocando en consecuencia que la calidad del pensamiento crítico decrezca al ritmo que suben los sueldos de los personajes objetivo del periodismo amarillista, amantes del chisme y el comadreo.

Curiosamente al mismo tiempo que su sueldo aumenta el nuestro decrece, no olviden esta paradoja.






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