Introducción al proyecto Anti-ídolo. La cultura del enfrentamiento

Creado: 1/5/2012 | Modificado: 25/4/2013 1212 visitas | Ver todas Añadir comentario



 

La cultura del enfrentamiento. En pos de una nueva educación.


Imagínense la estampa de un televidente contemplando de forma pasiva  las hazañas de su ídolo o embelesado ante la belleza de alguna presentadora o actriz televisiva, los abdominales de algún fornido actor alto standing o la voz majestuosa de algún o alguna cantante de reconocido prestigio nacional o internacional. Pasemos página y visualicemos la instantánea una década después. ¿Qué vemos? Probablemente al mismo/a televidente asombrado ante las hazañas de un nuevo ídolo de similares características y contemplando atolondrado la belleza de otra presentadora, cantante, modelo, actor o actriz. ¿Qué ha ocurrido durante este período de tiempo? Que este señor (o señora) apenas ha madurado, en algunos aspectos de su personalidad no muestra apenas evolución, en muchos otros, salvo detalles poco perceptibles, sigue siendo la misma persona de siempre, con las mismas virtudes y carencias que la década anterior.

Diez años después sigue mostrando una actitud pasiva, un carácter frágil, una ignorancia supina acerca de temas de actualidad a la vez que malviviendo con un sueldo precario, precisamente por mantener la misma rutina diaria de tareas, por no abrirse a otras realidades, por no querer reflexionar sobre su entorno, por no formularse preguntas existenciales, por no, en definitiva querer dar un paso más allá de su círculo de influencia. Y también, por supuesto, por mantener como referencias a los mismos ídolos recreativos, que por supuesto, nunca le sacarán de su estado vegetativo, es más, se aprovecharán de su ingenuidad para volverse todavía más ricos. Así son ellos.

Por si el resumen anterior no fuera suficiente, apuesto mi (todavía) frondosa cabellera que, aunque hubiera atesorado una gran riqueza debido a su arrojo empresarial, en múltiples facetas sigue adoleciendo de una personalidad poco cultivada. Más aún, afirmo con sin temor a equivocarme que su felicidad no se habrá incrementado del mismo modo que su patrimonio.

Transcurrida una década resulta ser un calco de sí mismo, apenas se vislumbran cambios perceptibles en su idiosincrasia salvo las muescas en la cara que denotan el paso del tiempo. Él (o ella), pobre incauto, considerará que esa es la consecuencia de un comportamiento lógico y normal. Se equivoca de pe a pa.

Aplicando los dictámenes de la cultura del enfrentamiento en pocos meses su personalidad se habría expandido de forma exponencial, es decir, hubiera adquirido muchas más enriquecedoras experiencias que en años desplegando la misma y poco productiva rutina de actividades diarias. Ya no sólo no sentiría la misma devoción por el deportista o artista de turno sino que sus nuevas creencias le permitirían elevarse sobre la insignificancia y toda la parafernalia de objetos que le rodean. Además, su discurso mostraría un vigor completamente distinto.

En otra habitación (sociedad paralela) otros cuantos individuos se manifiestan fieles seguidores de una dieta variadísima de referencias más saludables. Se nutren del más potente y variado menú gastronómico con una mezcla perfecta de "vitaminas, proteínas y carbohidratos". Alimentan su cuerpo, su organismo y su cerebro con los preparados alimenticios más avanzados. Son individuos "que se someten a un escrutinio diario de sus facultades, que se obligan a enfrentarse a sí mismos y con la realidad día tras día"

Al cabo de los años la diferencia de personalidad entre unos y otros, los seguidores de las diferentes métodos de educación, la convencional y la C.E, habrá crecido de forma sustanciosa a favor de los segundos. Exponencial. Los primeros se habrán entretenido seguramente, los segundos, sin embargo, se habrán esforzado seguramente más pero sin duda, habrán acumulado decenas por no decir cientos de experiencias de las que habrán extraído sabias lecciones.
Ver cómo uno va creciendo en personalidad, recogiendo migas de poder y en comprensión conlleva una mayor satisfacción y además resulta sin duda infinitamente más divertido, ameno, fascinante y por supuesto, enriquecedor.

Ya que, a fin de cuentas, ¿qué aportación hace a la personalidad visualizar un partido de fútbol?, y aunque cualquier melodía puede emocionarnos o alegrarnos el día tampoco una larga exposición auditiva a decenas de conciertos nos explica porqué los acontecimientos ocurren; contemplar una mujer hermosa sólo nos vuelve más sensibles hacia la belleza exterior(1), asistir a un concierto o a una manifestación multitudinaria también es una experiencia gratificante, pero confundirse entre la muchedumbre con el fin de rendir adoración a un gran talento artístico tampoco nos resolverá ningún dilema existencial. Todos estos representantes sirven como un estimulante complemento, pero ninguno, salvo excepciones, nos desvelará secretos de nuestra naturaleza, mas bien nos enseñan cómo matar el tedio de la vida durante unos instantes, más o menos largos. Apliquen esta explicación a todos los ídolos de la industria del entretenimiento.

(1)
 Como si nos hiciera falta desarrollar esa parte, la sensibilidad hacia la belleza exterior viene implantada "de serie" en nuestra mente. Lo que realmente necesitamos potenciar es la sensibilidad hacia la belleza interior, la cual apenas conocemos su significado y tampoco su poder. Igualmente si hablamos del dinero, conocemos el poder del dinero, no hace falta que nadie nos lo repita días tras día. No somos idiotas.


En un gran porcentaje de casos, una vez finalizado el instituto o la época universitaria el proceso de adquisición de cultura se detiene o sufre un brusco enlentecimiento. Los adultos, en la mayoría de casos ya "creen saber de la vida, de la libertad, el amor, la amistad y de tantos otros temas esenciales todo lo necesario", y aunque a veces discuten sobre ello nunca profundizan demasiado en el poder de esas grandes palabras. Con asir un mínima parte de su significado les es más que suficiente. Algunos, simplemente ni siquiera vislumbran mínimamente su enorme valor: tienes "mayores" preocupaciones que colapsan todo su tiempo disponible.

Cualquier relación de amor, cualquier sentimiento de pasión por una idea, tarea, persona o colectivo de personas te permite obtener un bienestar emocional difícilmente comparable a aquel proporcionado por la mera acumulación de artefactos inanimados. Por mucho que nos creamos personas que actúan de forma sensata, lógica y racional,  está bien demostrado que los seres humanos toman muchas de sus decisiones importantes basándose en criterios emocionales. Son las pasiones lo que nos mueven.


Al final como he venido repitiendo en este ensayo, los ídolos del mundo del espectáculo, que al final concuerdan con la mayoría de los ídolos germinado en esta gran hoguera de las vanidades que constituye la sociedad en que vivimos, sirven fundamentalmente como elementos disolventes del tedio. La cultura del enfrentamiento reduce a este tipo de personajes a un aspecto secundario. Son más bien un complemento antes que un fundamento, complementarios antes que fundamentales.

Al final, la diferencia puede de carácter y cultura llegará a ser tan abismal, que uno los individuos del segundo grupo preferirán callarse para no ofender (o echar abajo) las teóricamente firmes creencias del primero.

Les repetiré lo que dije en otras secciones sobre estos ídolos tan "modernos":
¿Nos ayudan a comprender cómo funciona el mundo? ¿A obtener algún tipo de provechosa ventaja? ¿A extraer lo mejor de nosotros mismos en alguna de las facetas de nuestra personalidad? ¿Nos permiten establecer mejores relaciones sociales? ¿Y son estas de alta o baja graduación, es decir son saludables o se fundamentan en pasiones irracionales? ¿Obtenemos más dinero después de pasarnos horas y horas contemplando sus hazañas... o quizás nos volvemos más pobres y amanerados? ¿Es nuestra autoestima la que se dilata en su presencia? ¿Y si es así por cuánto tiempo? ¿Desarrollamos un carácter más firme gracias a su legado? ¿Se despliega nuestra inteligencia, se incrementa nuestra creatividad? ¿Nos llevan en volandas hacia horizontes de éxito? ¿Nos permiten abordar con inteligencia nuestros problemas cotidianos? ¿Nos vuelven quizás más solidarios o generosos con los demás? ¿Nos auxilian en la dura tarea de  paliar nuestros defectos y debilidades, a controlar nuestras pulsiones más primitivas? ¿Nos tienden una mano cuando nos sentimos mal? ¿Nos aconsejan o instruyen sobre los valores humanos más fundamentales? ¿Su presencia nos permite relegar lo superfluo a un segundo plano? ¿Quizás extraer lo mejor de nosotros mismo? ¿Apreciar la belleza de las cosas cotidianas? ¿Valorar lo poco o mucho que tenemos? ¿A comprender el significado de la felicidad? ¿Son ejemplos a imitar en cuanto a solidaridad o ayuda al prójimo? ¿Nos convencen para unirnos a construir un mundo mejor o realmente les importa un pimiento? ¿Conocen acaso nuestro nombre o apellidos? ¿Cuál es la aportación global a nuestra personalidad sumando todo el tiempo sumado en su presencia?


Referentes.

Ustedes en el segundo caso serían alumnos atendiendo los discursos de los tipos más inteligentes, valerosos, de los más insignes hombres y mujeres que ha dado la humanidad en todos los órdenes y categorías, aquellos que han renovados cimientos ideológicos, que han derrocado dictaduras o han establecido nuevos planteamientos existenciales, que nos han permitido evolucionar como especie.

Deberíamos, de algún modo, confabular a toda la bondad, inteligencia, creatividad y virtuosismo del planeta para orientarnos en conformar una personalidad y una cultura fuera de lo común con el objetivo de hacer de nosotros hombres y mujeres de provecho, sacando a relucir todo nuestro innato e ingente potencial. 

Ahora, ¿se imaginan pasar años y años aplicando y recogiendo sus enseñanzas? ¿Años y años en "su presencia"? Ya les respondo yo: no, no se lo imaginan.


Estarán presentes como alumnos a distancia de rutilantes científicos de las más diversas especialidades, divulgadores de toda índole que han dado conferencias o han sido alumnos insignes de las universidades más importantes del mundo, leerán las palabras de doctorados, premios nobel, se inspirarán en las gestas llevadas a cabo por individuos de mentes millonarias, seguirán los impresionantes consejos de tipos intrépidos aún sin grandes currículums y también, oh sí, cientos de individuos desconocidos pero que se parten el alma para ayudar al prójimo, u otros golpeados por la desdicha pero que han sabido sobreponerse a sus carencias y todavía les queda optimismo para seguir adelante y entregarnos una enorme sonrisa.

Escucharán las anécdotas de gente viajera que les abrirá el apetito por explorar el mundo, de amantes de los animales que les infundirá el respeto y el amor por otras especies, de expertos en finanzas domésticas, de tipos con extraordinario autocontrol o dominio de la mente, sondearán y conocerán los intríngulis de la mente humana y de esa máquina impresionante llamada cerebro; les acompañaran divulgadores de arte, críticos de cine o televisión, viajeros incansables o individuos educados en la universidad de la vida, etc. Se empaparán de informaciones reveladores acerca nuestra evolución; investigarán sobre las costumbres en culturas lejanas para ampliar sus horizontes y se verán sorprendidos por las múltiples, variadas y sorprendentes creencias y comportamientos humanos; se adentrarán en el núcleo de la materia, conocerán el funcionamiento de los átomos y sus componentes; quizás preferirán adentrarse en el espacio ignoto desplazándose a una velocidad cercana a la luz para explorar sistemas solares, quasars, galaxias , para experimentar los efectos que predice la teoría de la relatividad. Se pasearán por pasajes de nuestra historia y desentrañarán los porqués de las controversias humanas, y en suma el secreto de nuestra estirpe.

Conócete a ti mismo. Conoce el mundo en que vives. Conoce tu historia. Conocerse a sí mismo es una de las experiencias más complicadas, reveladoras y gratificantes que cualquiera puede experimentar.

Todos sin excepción cómo se hacen las cosas, cómo funciona el mundo, nuestra mente, nuestro cerebro, de dónde venimos, adónde vamos, cómo mejorar nuestra economía, o cómo enfrentarnos al mundo con una gran motivación... y, por supuesto, cuáles son los ingredientes básicos para alcanzar un estado de plenitud, de auto-realización, que incluya el éxito a todos los niveles, el reconocimiento, la dicha interior y la paz de espíritu.  Si lo que queremos es conseguir el máximo en el menor espacio de tiempo,  ¡empecemos por nutrirnos con los mejores potenciadores del intelecto! La mente más poderosa, la mejor cultivada hallará las soluciones a todos los dilemas de la vida.


Crítica.

Frente a los primeros que lo más prestigioso que han hecho es dominar una pelota o mostrar su locuacidad en una rueda de prensa: “bueno sí, claro, el equipo es lo que importa”. No quiero ofender a estos simpáticos señores y señoritas, pero las enseñanzas de los maestros del segundo grupo contienen un vigor incomparablemente superior al que dimana de los triunfos de estos individuos catalogados como los centros neurálgicos del "saber" (o mejor del no-saber) de nuestra época. Recuerden el análisis del golfista en una sección anterior "meter una pelota en el hoyo", es el fin existencial de muchos de ellos, por aquello que viven y se desviven.
 
Ni la más grande concentración de belleza en una persona, no el tesoro más suculento, ni siquiera la atención de millones de personas logrará detener un solo paso al que se dispone a ascender hasta la gloria del último conocimiento, la verdad que procede del mayúsculo Amor conjugada y dirigida por la Razón.


En un futuro cercano, observando el cariz que están tomando los acontecimientos donde el hedonismo y el relativismo moral marcan tendencias quizás un "campeón mundial de hacer el pino" llegue a erigirse como figura indiscutible de renombre mundial y los seguidores de este presunto "deporte" aclamen al invertido maradona de turno en todos los rincones del planeta expresando su admiración de diversos modos: "¡Impresionante!, ¡qué bueno es!, ¡qué gran persona!, ¡es un dios para mí!, ¡contemplar sus hazañas ha transformado mi existencia!". Seguro apuesto, que el susodicho requerirá mayor tesón y dedicación que el que se necesita para aparecer como contertulio en algunos programas de telebasura.

No exageraría en absoluto si le digo que tiene más sustancia un solo libro de mi biblioteca que la lectura (o audición) de cien mil entrevistas a estos lumbreras. No logro recordar en los últimos 10 años, una sola entrevista a un deportista o cualquier famoso de esta especie que me haya calado. No tengo recuerdo apenas de nada de lo que dijeron o hablaron, sus palabras eran tan tenues, tan simples, sus temas de conversación tan banales, que se perdían en la bruma del tiempo una vez finiquitada su lectura. Eso sí, goles espectaculares, gloriosos passing-shots o canastas inverosímiles recuerdo unos cuantas, si señor. Por otra parte, cada vez que releo a mis autores favoritos me cambia la vida un poquito. Quede claro que esto lo dice un amante (y practicante) del deporte desde la infancia, de un coleccionador de música de estilos diversos, de un aficionado a series de televisión o películas de diversa temática, de un informático ligado estrechamente al orbe tecnológico. Hablo (o mejor escribo) con conocimiento de causa. Pero ay, me temo queridos lectores, que a la mayoría de ustedes les falta contemplar otra perspectiva, la otra cara de la moneda, la más espiritual, esa que nunca se les será mostrada dentro de este surrealista pseudosistema generador de individuos gregarios y sumisos.

Comprendan la diferencia: hablamos de ídolos de primer orden e influencias recreativas, desechables o de segundo nivel.

Y es lógico, ¿qué esperaban? ¿Vamos a comparar el discurso o la capacidad de enseñar cosas de tipos altamente ilustrados con otros cuyo discurso parece sacado de una clase de alumnos de la ESO? No crean pues que es descabellada esta respuesta. De hecho, es mas bien modesta, sólo que prefiero expresarme en términos comedidos no sea que me clasifiquen como un escritor anti-sistema.

No, señores, lectores, "ni meter una pelota en un hoyo, portería o canasta, ni enterrar nuestra existencia en un sumidero de trastos ni  endulzarnos la existencia con comida artificial y grasienta debe calificarse como heroísmo, mas bien lo contrario"

En la primera opción acabarán por degustar ricos y diversos manjares, en el segundo acabarán por comer alubias y algarrobas (y en algunos casos a precio de oro el kilo). El estado en el que quedarán será famélico, sobre todo en el aspecto intelectual. Ni habiendo obtenido alguna licenciatura como ingeniería(1). Yo tengo una y hoy en día pienso sinceramente que desperdicié más de siete años de mi vida, años que podría haber aprovechado de una manera más eficiente y productiva. Lo sé ahora. Antes no tenía ni la más remota idea de la definición de una Extraordinaria Educación. Más de un lustro empollando en una Universidad Politécnica no me ha servido para aprender poco o nada de la vida. Lo peor es que mirándolo en retrospectiva, creo que ni siquiera me prepararon correctamente para desenvolverme en el entorno laboral. Menuda tomadura de pelo. Ahora entiendo claramente la diferencia entre una "instrucción académica" y "una educación para la vida".

Para apostillar esta sección, les repetiré alguna de las frases de algunos mandatarios o políticos pronunciadas en los últimos tiempos, "Si usted tiene trabajo en España y le pagan mil euros, ¡ya puede dar gracias y quejarse menos!". Así
está el mundo. ¡Qué vergüenza!

(1)  ¿De qué se sorprenden? Un ingeniero en el fondo no es más que un tipo especializado cuyo período de incubación hasta el día de la consecución del título consiste en empollar materias altamente teóricas, abstractas artificiales e intangibles. Así que todos y cada uno de ellos desarrollarán sólo una parte de su potencial y orientarán su existencia por ese camino. Tiene mucha parte de lógica dentro del sistema en que vivimos pero sigue negando la posibilidad de que el individuo-estudiante desarrolle parte de su consciencia en otros menesteres tanto o más válidos y útiles, para sí mismo o para la sociedad. Nadie parece instarles a ello. La especialización de los individuos es una circunstancia básica y fundamental para el buen funcionamiento de la sociedad pero eso no implica que un individuo aparte de querer constreñirse como especialista o ciudadano-tornillo aspire a otros logros divergentes. Tiempo dispone para ello (o debería), otra cosa es que encuentre la motivación necesaria. Una cosa no quita la otra. No son conceptos excluyentes sino complementarios. Sólo lo serían en el caso de individuos tan obnubilados en su tarea que prefieren descargar todo su talento en ejecutar las mismas y rutinarias tareas día tras día sin distracción alguna (quizás hablemos en este caso de la mayoría de números 1).

Tener el arrojo de enfrentarse a nuevos planteamientos puede dejar sus anteriores puntos de vista totalmente obsoletos:


Cambio sustancial de personalidad.

Lo que en una época pasada se consideraba como una idea insustancial ahora se torna básica y primordial; lo que antes se entendía como indiscutible e inobjetable ahora se vuelve difuso, incierto, cuestionable; lo que percibíamos sin ápice de dudas como un referente de altísimo valor humano pasa a contemplarse como una figura con más defectos que virtudes; lo que en un tiempo anterior se consideraba una supermujer, una diosa, quizás hoy se reduzca a un simple adorno, un florero, un breve pasatiempo para unos sentidos que se han vuelto mucho más exigentes; lo que en años anteriores resultaba admirable hoy se transforma en algo digno de censura; lo que primeramente se antojaba como un sueño maravilloso, hoy se toma como un simple recuerdo propio de una mentalidad poco desarrollada o infantil; las aspiraciones que en un principio se presumían inalcanzables hoy constituyen los primeros peldaños de una escalera que conduce hasta el cielo, o lo que es lo mismo, simples logros de poca monta; lo que nuestro anterior y pobremente instruido yo juzgaba como "tenerlo todo en la vida” hoy esas palabras simbolizan una mínima parte del cúmulo de sanas ambiciones que nos gobiernan; aquello que plegados a nuestra anterior mentalidad se erigía como un modelo sobrehumano e inalcanzable, ahora se reduce a un objeto de regocijo sin más; a lo que solíamos denominar sano interés ahora lo consideramos un desafuero; lo que antes nos producía miedo o tensión hoy nos causa hilaridad. Incluso, aquella mujer (hombre) a la que pretendíamos amar, y que la veíamos como fuera de nuestras posibilidades, ahora ni siquiera satisface nuestros requisitos mínimos. 

"La cultura del enfrentamiento propone un método de desarrollo integral de la personalidad que permite un crecimiento y una madurez del individuo mucho más rápido que el proporcionado por la instrucción convencional."

Con la cultura del enfrentamiento, su percepción de lo que le rodea puede sufrir un cambio ostensible en un corto período de tiempo. Hay que tener fe y valor para apostar por esta cultura, pero no hay ganancia que no suponga un esfuerzo.


Conclusiones

Es lo que tiene la cultura del enfrentamiento, modifica nuestras plantillas mentales, reorganiza nuestras prioridades, produciendo un cambio en la manera de procesar los estímulos exteriores. El alcance del proceso metamórfico dependerá de cuanto pretendamos escarbar en nuestro interior, de cuánto estemos dispuesto a desafiarnos, a contender una batalla contra nuestra yo-actual con el fin de perseguir nuestro yo-infinito, ese yo que nunca se cansa de cultivarse, de crecer y madurar hasta las últimas consecuencias.

Pero no se preocupe, si la C.E. echa abajo nuestras anteriores convicciones eso implica que estas carecían de la consistencia necesaria para repeler los ataques de otros argumentos más poderosos, así pues es mejor dejarlas desmoronarse con el fin de erigir un nuevo edificio de ideas. Si, por el contrario, resisten el embate de las lanzas y bombardeos constantes que suponen los continuos razonamientos transgresores (según los cánones vigentes en la actual sociedad) de este tipo de cultura, entonces le felicito, eso demostraría que su personalidad carece de grietas, que se muestra recia y sin fisuras.

¿Qué avezado individuo desea abordar ese tremendo reto? ¿Quién alberga el valor de ponerse a prueba, de desafiarse a sí mismo en un proceso continuado de entrenamiento físico y mental? Quizás todavía prefiera recluirse en su pequeña celda vital repitiendo las mismas y aburridas pautas y madurar a paso de tortuga. La otra opción consiste en evolucionar de una manera sensata a la velocidad que usted considere oportuno. Es suya la decisión, yo sólo planteo la pregunta. Un universo de posibilidades se abren ante usted... si decide iniciar con entusiasmo la ruta del Gran Emprendedor.

En resumen, al final de pocos meses o quizás un año asimilando las enseñanzas de la cultura del enfrentamiento, y dependiendo del número total de horas de entrenamiento y perfeccionamiento una persona se vuelve más fuerte mental y físicamente, más apta para afrontar problemas, más preparada para abordar con solvencia los dilemas que le propone la vida.

Un individuo de estas características demandará retos con el objetivo de desafiarse a sí mismo, habrá superado sus miedos, lidiará con las circunstancias adversas y no rehuirá las disonancias que pongan en entredicho su modo de entender el mundo. Un tipo que desee y ame "ponerse a prueba" y entienda la vida como un juego, como un puzzle donde hay que resolver problemas. En resumen, se convertirá en ese tipo de individuo que buscará denodadamente derribar muros, y el arquetipo de persona que jamás elude sus responsabilidades.

Un paradigma de individuo con una visión de sí mismo y de la vida tan impresionante que no reconocería a su yo-anterior. Muchas de las cosas que antes le enojaban le harían reír, muchos ídolos a los que admiraba perderían su estrella. A mí me pasa. No es ninguna broma. Yo dispongo de varias personalidades, la normal, ordinaria y corriente que por cierto conoce todo el mundo y la que escribe este ensayo (en el cual siempre me quedo corto y me muerdo la lengua para no parecer un tipo "exagerado"). Es una sensación un tanto extraña de la que ya hablaré en otra ocasión.

Otra de las cosas que aporta el seguimiento de la cultura del enfrentamiento es el dinamismo: el individuo en cuestión siempre está en movimiento y lo hace porque se da cuenta de que progresa. Quiere mejorar, quiere aprender, quiere progresar. Quiere vivir y experimentar cosas nuevas. Y siempre tienen a su disposición los mejores guías.

Pero no sé si llegará a triunfar esta filosofía, quizás porque el ser humano prefiere hacer grandes a los demás, y él volverse más pobre, amaestrado, conformista, sumiso, callado ante la injusticia e idolatrador, aparte de volverse un incapaz en dar solución a sus propios problemas, menos por ende podrá aspirar a colaborar en resolver problemas local, regionales, nacionales o mundiales. ¡Este es la sociedad que creamos día tras día con nuestra mentalidad de gregario! ¡Alcémonos y demandemos una educación propia del siglo en que vivimos! ¡Ridiculicemos a todas las generaciones anteriores! ¡Demostrémonos a nosotros mismos que somos grandes si nos lo proponemos! En mi opinión, es preferible sufrir un enorme descalabro intentando consumar una gran hazaña que recluirse de forma cobarde entre la multitud defendiendo los mismos ridículos principios que el resto sin siquiera haberlos sometidos a debate. ¡Es el miedo lo que nos atenaza! ¡El miedo a ser grandes! ¡El miedo a aspirar a Todo en la vida!

El miedo provoca el retroceso de las personas ante las situaciones; produce la mediocridad; adormece la creatividad; hace que uno sea un fracasado en la vidas.
El ex mariscal de campo de la Liga Nacional de Fútbol, Frank Tarkenton

¿Por qué reducir sus aspiraciones a una salsa espesa y mediocre pudiendo merecer una más grande felicidad, pudiendo construir una vida de ensueño con el mismo o  un menor esfuerzo? No se engañe a sí mismo, usted también es un triunfador, sólo que aún no lo sabe. Nadie le entrenó para ello.

Es usted, eres tú el que tiene la respuesta, su vida está en juego, también la del destino de la sociedad. Sí, quizás todo eso dependa algún día de usted. ¿Por qué no? Se lo dice un simple informático que un día decidió que un empleo medianamente bien remunerado no era meta suficiente para colmar todos sus sueños. Juntos, con su ayuda (sí la de usted), podremos crear una educación que nos ofrezca lo que realmente deseamos, que colme los deseos más congruentes con nuestra naturaleza.

La capacidad del ser humano para emprender proyectos, para imaginar nuevos escenarios no tiene límites.



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