Los ensayos

Creado: 22/3/2012 | Modificado: 25/9/2012 1415 visitas | Ver todas Añadir comentario




Los ensayos.

Con este título me refiero a todos los ensayos y también libros de temática diversa leídos con avidez en los últimos años y que sirvieron como lanzadera para emprender este proyecto personal. Realmente con ensayos incluyo a todas las obras de divulgación y de carácter crítico con la sociedad.

Versaban sobre todos los aspectos de la naturaleza humana: psicología en general o específica, autoestima, depresión, ansiedad, liderazgo, éxito, historia de la ciencia, de la filosofía o de la religión, feminismo, antropología, efectos de las drogas, problemas medioambientales y desarrollo sostenible, sociopolítica, la evolución y estructura del universo, física cuántica y molecular, estudios sobre la violencia y agresividad humana, sobre el significado de la libertad, conflictos sociales, discriminación racial, artículos costumbristas, historia del pensamiento humano (filosofía), etología o estudio del comportamiento animal, nutrición y dietas, economía y finanzas,  los efectos de la globalización o de la publicidad, etc. Un compendio de libros que compone un material terriblemente demostrativo y categórico sobre las connotaciones más singulares de la condición humana, sobre sus orígenes, su evolución, sus misterios, sus peculiaridades, su relación con el entorno, sobre el progreso del raciocinio. Un material que desvela con intensa luz las entrañas de nuestra existencia compleja, ofreciendo explicaciones objetivas a los acontecimientos acaecidos durante cada época.


Imagínese.


Imagínese situado en una altísima torre vigía observando cómo se van pergeñando los entramados sociales, como se construyen o derruyen las estructuras de pensamiento, las costumbres o las leyes a través de los eones. Escrutando acontecimientos con sus ojos curiosos, gigantescos. Como ojos que todo lo ven, que todo lo captan.

Imagínese a los mandos de una máquina transgresora del tiempo que le permite volatilizar su época para trasladarle con insólita presteza a siglos enterrados en el pasado desempolvando vetustos hábitos y actitudes; imagínese en el epicentro de una batalla sangrienta donde se desencadenan violentos avatares, contemplando los miembros de los aguerridos contendientes vibrar y desparramarse a pedazos; imagínese sondeando el cuerpo humano interior, bañado de espesa sangre circulante, comprobando in situ el correcto funcionamiento cada órgano, acariciando cada enzima o mitocondria, sintiendo el cotidiano fluir y disgregación de las célula; imagínese captando pensamientos cual valeroso explorador con su diminuta cámara confinado en los recónditos parajes de la mente humana; imagínese surcando bravíos mares compuestos por grises neuronas, sorteando con pericia las olas alevosas de sus descargas sinápticas.

Imagínese como el ropaje del héroe, dios emancipado sobre la vulgaridad, al que le rinden tributos por ser portador de la daga del triunfo, rememorado por sus gloriosas hazañas; o como el villano terrible, el Atila hercúleo, destructor, laureado con la sangre de miles de atroces ejecuciones; como el conquistador Alejandro Magno, alzando impertérrito sus brazos al cielo como deseando abarcar la extensión de sus dominios allende los mares y cordilleras; imagínese con aspiraciones de Einstein propagando sus miembros hasta los límites del universo conocido, extrayendo como colofón al viaje unas simples, bellas y reveladoras ecuaciones; imagínese ante la excitación de un gran descubrimiento vital que afecte a las generaciones venideras; imagínese como un rebelde ajusticiando teorías retrógradas; imagínese inmortal, liviano y ligero como una hoja marchita, sólo consciencia sin injerencia física; imagínese más allá de las cumbres y restricciones dimensionales como un alma extática que transcurre desligada de los designios del tiempo.

Ahora examínese a sí mismo, examínese desde el compendio de diferentes perspectivas adquiridas, válidas, inexactas o crueles, benévolas, pasivas o indiferentes; examínese, contémplese, reaccione tras asimilar los miles de relatos descritos en los ensayos, sujétese para no caer en la ofuscación. Manténgase firme, escuche, recuerde los latidos de cada ser mitificado o sencillo ignorado, divague sobre sus motivaciones, analice el compendio de situaciones, ocupe su lugar, decida con su nuevo y más formado criterio qué vencedores merecen el reconocimiento de tal apelativo, decida si no fueron los perdedores las grietas por las que la esperanza se malograba.

Imagínese como un simple pueblerino, habitante de una época lejana, que se inmiscuye como confidente en tiempos de hedor intelectual, que transita sus vaporosas calles y aspira sin querer el hedor de los excrementos vertidos, que inhala sin pudor sus dogmas o credos, que corretea por grandes latifundios hundiendo sus pies semidesnudos en el verdor de la hierba fresca. Imagínese ante el lento transcurrir de los siglos, testigo de relaciones amistosas entre hombres y mujeres pero también espectador privilegiado de las zarpas del odio, de las frías brumas del desprecio, comensal de los caldos vertidos por los fanatismos religioso, azotado por las secuelas de los enfrentamientos sanguinarios entre países. Imagínese salvando la vida de un solo niño, contemple su rostro iluminado, radiante de agradecimiento; imagínese a una mujer desvalida a la que socorre de las terribles fauces de la marginación. Ella, sí, pobre mujer, que le mira fijamente con sus ojos profundos y demacrados y repite bendecida por la mano misericordiosa. "Gracias, nunca te olvidaré."

Imagínese que la tierra es engullida millones de años después por el sol en un mastodóntico espasmo, que el universo conocido adquiere el capricho de contraerse reduciéndose todo axioma físico a un punto misterioso y fluctuante, a una cósmica singularidad. Todo fin y todo principio.

Imagínese como apuntador en el crudo escenario donde se desarrolla la condición humana. Emita sus opiniones, sus veredictos.

Imagínese que cada uno de ellos, grandes y pequeños hombres le revelan el secreto de su humana condición, el epílogo a su existencia. Se lo entregan mirándole fijamente con sus agrietados rostros, a punto de concluir su pena. Coloca todas estas magníficas revelaciones apiladas sobre las estanterías cuidadosamente ordenadas según diferentes criterios. Su casa ahora se ve llena de cientos de reveladores manuscritos escritos con la sangre de miles de individuos. La mayoría albergan contenidos  demoledores y a la vez esperanzadores. Cada noche, a la luz de la tibieza del foco protector, los escruta con sigilo, sondeando cada palabra con el fin de alcanzar el significado de la existencia misma. El secreto de la naturaleza humana.

Albérguelos en su corazón. Imagínese que solicitan su ayuda con sus manos cortadas, imagínese los pensamientos que el condenado le transfiere "no permitas que se repita la injusticia". Imagínese que se enfrenta al dilema de huir o salvar vidas.  Imagínese...


Resumen.

Sí, son ensayos, apuntes, fragmentos de nuestra todavía reciente historia, revelaciones turbadoras de millones de almas humanas, ecos de tiempos postergados. Nuestras raíces. Si no aprendemos de nuestros errores nos sumiremos en un bucle sin retorno, en las vorágines de los círculos viciosos, en el caos de la repetición: paz, muerte, guerra, paz... Allí encontré respuestas a los orígenes de nuestra naturaleza. Nosotros construimos la historia cada día con nuestras actitudes y creo que es misión de unos pocos, orientar la nueva historia del hombre por nuevos caminos de paz y mayor prosperidad espiritual (sin menospreciar la inestimable aportación de la tecnología).  Si ustedes no se consideran preparados, deberían apoyar a quienes sí estén por la labor. No andamos sobrados de individuos con ideales. Más bien al contrario.






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