Los secretos de la motivación. José Antonio Marina

Creado: 18/9/2012 | Modificado: 30/1/2013 1645 visitas | Ver todas Añadir comentario



Los secretos de la motivación. José Antonio Marina
 
Texto: http://escuelaconcerebro.wordpress.com/2012/04/04/aplazamiento-de-la-recompensa-y-aprendizaje-emocional-2/

Los secretos de la motivación. José Antonio Marina. Claves y estrategias para conseguir la educación de la motivación
 


Marina, J.A. (2011), Los secretos de la motivación, 1ª edición, Editorial Planeta, Barcelona, 2011. 191 págs.
Tercer libro de la colección “Universidad para Padres” del filósofo y profesor de secundaria José Antonio Marina. El autor nos dará las claves y alguna estrategia para como motivar a nuestros hijos o a nuestros alumnos.


Podemos definir motivación como el señalamiento o énfasis que se descubre en una persona hacia un determinado medio de satisfacer una necesidad, creando o aumentando el impulso necesario para que se ponga en marcha esa obra o acción.

Desde el punto de vista de un docente lo que más le interesa de sus alumnos es que estén motivados, pero como sabemos no es una tarea fácil.

Este concepto es el centro del libro titulado “los secretos de la motivación” de José Antonio Marina. El autor hace un recorrido a lo largo de siete capítulos para poder conseguir la ansiada motivación de la personalidad. Esta tarea motivante no es exclusiva de los profesores, sino que también incluye a los padres, publicitarios, políticos, etc.

Ya seamos padres, docentes o ambos, necesitamos motivarnos a nosotros mismos, y además queremos motivar a nuestros hijos/as o alumnos/as a hacer algo. Enseñar a alguien nos exige conocernos mejor, desarrollar complejas estrategias y observar nuestro entorno con otros ojos para así despertar la curiosidad, por lo que educar significa crecer al mismo tiempo que lo hace nuestro educando.

Todo lo que captamos a través de los sentidos es interpretado de manera diferente según el receptor y por lo tanto una misma información será conocida de diferentes formas ofreciendo atractivo o repulsa. Este proceso es el resultado de nuestra inteligencia generadora, la cual es compleja y diferente en cada uno de nosotros.

Desde un punto de vista educativo para motivar hay que presentar las ideas de forma atractiva, ha de ser un premio para el que estudia y lo más importante, se ha de convertir en un hábito, por lo que nos gustaría que nuestros alumnos decidieran estudiar, que se esforzaran y que consigan el hábito de estudio, desde luego algo muy difícil de poner en práctica.

Para poder alcanzar una motivación lo primero que se ha de educar son los deseos, un deseo se podría definir como una anticipación de un premio, y a este premio le damos un valor. Es obvio que motivación y deseo están unidas, ya que desmotivación provoca depresión, por lo que hay una ausencia de deseos.

Para poder trabajar sobre la capacidad de desear, el autor destaca que podemos aumentar la necesidad por un lado, y hacer más atractivo el valor del incentivo por otro.

Pero para llegar al ansiado deseo hay que trabajar la tarea, el trayecto a recorrer para conseguir ese premio tan ansiado. Esta tarea ha de ser lo suficientemente alcanzable a partir de unas estrategias, esto José Antonio Marina lo llama facilitadores de la tarea.

Como primera conclusión que podemos obtener del libro es que para motivar hay que actuar sobre alguno de estos tres factores. Aumentar el deseo, aumentar el valor o aumentar los facilitadores de la tarea.

Pero, ¿Podemos hablar de una motivación, o de varias motivaciones? La respuesta correcta es la segunda, hay varios tipos de motivaciones y se debe trabajar la motivación de inicio, la que me hace tomar una decisión, y la motivación de la tarea, es decir, la fuerza necesaria para ir superando los obstáculos hasta llegar a mi premio.

Pero ¿cómo influir en un alumno o hijo? Pues precisamente intentando que nuestro alumno o hijo sea autónomo, libre para tomar decisiones y así pueda gestionar sus motivaciones. Por lo tanto tendremos que influir para reducir la motivación espontánea por una motivación educada.

Para poder enseñar tenemos la opción conductista, aquella que premia un comportamiento para que siempre se repita. Una segunda opción es la psicología cognitiva la cual se basa en que las ideas que pasan por nuestra cabeza influyen en nuestro comportamiento, por lo que para cambiar la conducta tenemos que cambiar las creencias de estas personas.

Pero a finales de siglo apareció una tercera opción, la psicología emocional, la cual se basa en que son nuestras emociones, sentimientos y pasiones las que influyen en nuestra conducta. La pregunta que se hará el lector o lectora es cual es el más importante, pues para educar nos reducimos a ocho recursos, y la aplicación de estos en un proyecto educativo es lo más valioso, ya que pretenden que el niño consiga esa personalidad autónoma y así buscar su felicidad.

Los ocho recursos son:

1.El premio
2.El ejemplo, somos animales imitadores gracias a las neuronas espejo
3.Selección de la información y el cambio de creencias, hay que seleccionar la información y así poder influir sobre el comportamiento de una persona
4.Razonamiento, pretende cambiar las creencias mediante argumentos
5.Entrenamiento, la repetición para conseguir un hábito

Ahora que ya sabemos los recursos hay que educar la motivación, pero cómo se consigue. El autor se centra en actuar sobre los tres grandes deseos:
1.El deseo de bienestar personal
2.El deseo de relacionarse socialmente, formar parte de un grupo o ser aceptado
3.El deseo de ampliar las posibilidades de acción, o la afirmación del “yo”.



Todos estos factores y recursos educan la motivación inicial, pero ¿cómo educamos la motivación de la tarea? Para esto el autor nos indica que hay que educar la inteligencia generadora, ya que a veces nos juega malas pasadas dándonos razones para desistir en la obtención de nuestro deseo. Cuando esto sucede hay que descansar, reactivar el ánimo, volver a despertar el interés perdido, no vencernos fácilmente ante las tentaciones. Si esto no ha sido suficiente y hemos caído en la tentación aparecen dos actitudes, la de frustración que conlleva una disminución del esfuerzo, o bien la contraria, un sentimiento de enfado, coraje y orgullo que nos lleva al incremento del esfuerzo para conseguir el premio deseado.

Es obvio que gracias al entrenamiento y a la repetición los seres humanos mejoramos y eso es fuente de optimismo y energía, por eso hay que transmitir esta idea a los alumnos o a nuestros hijos. Hay que vender más el proceso de aprendizaje, la adquisición de competencias y no tanto el rendimiento final. Por este motivo José Antonio Marina incide en la idea en que tanto al premiar como al castigar se ha de hacer referencia a los rasgos de comportamiento y no a los rasgos de personalidad. Una segunda idea que hay que transmitir es que el fracaso es parte indisociable del aprendizaje, no hay ciencia sin errores. Por último y como tercera idea hay que saber ser competente para enfrentarse con los problemas. Si estos son alcanzables a través de un éxito merecido, la experiencia de ser competente provocará que el alumno o el hijo quiera volver a experimentar la sensación de ser útil.

Para mantener ese esfuerzo inalterable es necesaria la perseverancia, ese hábito de mantener un esfuerzo para alcanzar una meta, a pesar de los obstáculos o del cansancio. La perseverancia se ha de empezar a trabajar a partir de los dos o tres años de los niños, cuando estos empiezan a ser autónomos. Esa búsqueda de ser competente es su gran motivación y es aquí cuando debemos aplicar los ocho recursos antes descritos.

La pregunta es ¿cómo no desistir en la tarea cuando hay dificultades? La respuesta que nos da Marina es a través del aplazamiento de la recompensa, el saber esperar, el saber luchar hasta el final para conseguir su ansiado premio.

Como conclusión podemos afirmar que este libro es muy interesante desde el punto de vista de un padre o docente ya que trata uno de los temas claves de la educación, la motivación.

Es un libro de fácil lectura, con algunos ejemplos aplicados a los ocho recursos y a los tres deseos básicos. Sin duda alguna recomendamos sus lectura detenida y la aplicación de las ideas en la educación diaria.

David Fernández




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