12 instrucciones para alcanzar la infelicidad

Creado: 30/4/2013 | Modificado: 27/2/2013 1221 visitas | Ver todas Añadir comentario



12 instrucciones para alcanzar la infelicidad

Texto: http://www.analitica.com/bitblio/roberto/infelicidad.asp
Por Roberto Hernández Montoya

"La felicidad no es obligatoria"
(Blacamán el bueno, vendedor de milagros)
 


Pascal escribió que muchos hombres son infelices porque no saben quedarse en casa. Creo que fue Nietzsche quien dijo que el hombre es el único animal que comete dos veces el mismo error. Otro sabio declaró: «Varias veces en mi vida emprendí el estudio de la metafísica, pero me interrumpió la felicidad». Platón: «La envidia no forma parte del coro de los dioses». Wilde: «El cínico sabe el precio de todas las cosas, pero no conoce el valor de ninguna». Hay, además, quienes sacrifican el honor por los honores, también se ha dicho. «Un poquito de decencia, eso es la felicidad», dijo Elvira Ancízar, según Cabrujas. «Happiness is a warm gun», dijeron los Beatles (el retruécano de Lennon es intraducible).

No hay estadísticas, pero basta que me conste tanta gente que ha elegido la desdicha, para sospechar que la felicidad puede ser insoportable. Y viciosamente: a más infelicidad, más enardecimiento. La razón es misteriosa: son personas que, por su inteligencia y su cultura, están conscientes de las consecuencias de su elección, que hicieron inmersas en una dicha que están incapacitadas para reconocer. Es triste: nunca han sabido siquiera que existe. Hay una fuerza (¿histórica? ¿histérica? ¿metafísica?) más poderosa que la felicidad, por lo que me aterra que un día se apodere de mí también.

A los que ya eligieron la infelicidad, me duele (de verdad) informarles que una de las cosas que me impiden esa opción es que no tiene regreso. Pero hay una dudosa consolación: el infeliz irradia infelicidad, pues el pobre cree que la felicidad consiste en la desdicha de otro. Lo único malo es que esto es eficaz solo con los demás desventurados. Los dichosos están demasiado distraídos para darse cuenta de la infelicidad. Y cuando la perciben —porque los infelices los han invadido por la fuerza o por astucia—, experimentan una mezcla caótica de irritación, lástima y risa. Lo que constituye la piedra de toque de la infelicidad.

He aquí la lista, solo ilustrativa; la desdicha es pletórica y puede hallar muchas más posibilidades

1. Desvívase por la sensación de que siempre hay alguien «mejor» que Ud.
Conozco personas bellas, ricas, talentosas y exitosas, que se han asegurado una infelicidad vitalicia por no dejar de sentir que hay alguien más bello, rico, talentoso, exitoso. La perfección se alcanza cuando no ve esas propiedades en los demás y entonces las inventa. Dos notas: a) los acomplejados no son producto del ambiente sino de una estructura que no sé si es innata, pero sí que es fundamental; b) los acomplejados sufren muchísimo, así:
 

2. Abandone a los suyos para conservar o adquirir una posición.
Pretextos sobran. Un árbol puede crecer durante cien años y usted puede cortarlo en media hora. Una amistad, un amor, de años, puede perderse por una deslealtad de segundos. Dejar u ocultar a los amigos del barrio o a un padre o a una novia que usted siente medio metro más allá.

Esto garantiza:
a) un desierto afectivo, pues si acaso —lo dudo— alguna vez llegó a ser sincero con un amor bonito, esta elección lo cancela hasta del pasado;
b) soledad, pues no hay nadie más solo que un traidor, así viva rodeado de gente. Igualmente despreciado por los traicionados y por los beneficiarios de la traición, nadie lo puede querer o no percibe ningún querer porque ya no puede amar; asimismo,
c) hace infelices a quienes lo aman, a menos que los engañe toda la vida —recuerde que Ud. debe ser oportunista—
d) mucho odio hacia Ud. y la falsedad de todas sus relaciones.;
e) la incapacidad de disfrutar las dichas que le ofrece su posición, pues Ud. las tiene para ostentarlas ante gente extraña y no para sí y los suyos, que es para lo que se tienen las dichas —digo yo.

Así la posición ya no es un triunfo sino un fracaso. Aclaro: la posición no causa infelicidad, sino el modo en que se asume. Por último: esta opción no pueden aprovecharla sino personas de origen pobre, algo que, diga lo que diga no tiene nada de malo, pero que, haga lo que haga, siempre se nota: los pobres lo perciben rico y los poderosos —que son los únicos que a Ud. le interesan— lo perciben pobre y se burlan, a sus espaldas y tal vez en sus narices. Es antipático decirlo, pero ¿para qué se expone, pues? Se obtienen así dos ventajas adicionales: ridículo y ansiedad. Infeliz, ansioso y ridículo, ¡una obra maestra!

3. Haga el amor con fines distintos al amor.
Se puede —se debe— hacer el amor a quien solo se desea. Ello produce un estado comparativo de felicidad: en cualquier caso es mejor hacerlo que no hacerlo. O como dice Woody Allen: «El sexo sin amor es una experiencia vacía. Pero en cuanto a experiencias vacías no está mal». Mas cuando se hace el amor a quien se ama el sexo se vuelve un estado absoluto, como tener un hijo, que no puede compararse con nada. Si usted despilfarra ambas alternativas —justa una, justísima la otra— se garantiza una miseria síquica incomparable. La misma de quien compra un marido, o una esposa, que es como comprar un álbum de barajitas lleno. O robárselo, cual corrupto. Empátese, pues, y preferiblemente cásese, con una persona que no ame.

4. Viva para mantener la salud.
No lo contrario. Este proyecto, como los otros, es un disparate: renunciar al placer para tener salud y entonces no poder disfrutar el placer que se puede gozar con salud porque daña la salud, etc. Así la salud se vuelve un fin en sí mismo, es decir, se vuelve inútil. Esto se perfecciona con abundantes raciones de nabo.

5. Esconda su talento para no ofender un ambiente mediocre y poderoso.
Esto alcanza su perfección cuando nadie se lo ha pedido. Así absorbe la mediocridad general y la duplica con la que necesita para tomar esta decisión. Y vive una vida ajena en lugar de la que le tocó, ese hecho único desde el Big Bang hasta la eternidad y que Ud. tira a la basura por pusilánime: Ud. suplanta a la Muerte y se muere la víspera.

6. Adopte, sin creerla (esto es imprescindible), una doctrina irreductible.
Ello produce una ansiedad permanente, pues es desmentida sistemáticamente por la realidad, termina descalabrándose y entonces Ud. hace el ridículo del siglo. Así las religiones, el marxismo, el psicoanálisis y el neoliberalismo dogmáticos, a cuyas abstracciones la realidad, esa testaruda, no se adaptó nunca. El problema no es la teoría sino la histeria. Ello obliga a hacer, aparte de las teoréticas, contorsiones farisaicas que ocupan todo el tiempo, lo que garantiza una completa distracción cuando la felicidad llame a su puerta. Las teorías incompletas son como la idea falsa que tienen las moscas del vidrio: una súbita solidificación del aire y no tienen recursos intelectuales para cambiar de hipótesis. Apoteosis: cambie el marxismo iracundo por el neoliberalismo ultramontano.

7. Lea o, mejor, escriba poesía en vez de vivirla.
Es como ver pornografía sin acompañante, o como pagar para sentarse a ver a otro comer.

8. Hágase culto solo para distinguirse del chichero de la esquina.
Si se hizo culto solo para eso, no supera el nivel del chichero, él ni se entera —porque nadie es superior a nadie por ser culto— y Ud. sufre sintiendo en él parte de Ud. La parte más inauténtica, por cierto: mientras él es chichero de veras, Ud. no es ni culto, es decir, una persona informada, ni chichero, es decir, un profesional de la felicidad. Ni todo lo contrario tampoco.

9. Si pertenece a una minoría, racial, sexual, regional, ocúltelo; así el sufrimiento deviene infelicidad.

10. Tómese en serio cosas como ser magallanero, surfista, poeta, musulmán o plomero.

Como nada de eso es más importante que ser, Ud. se garantiza una de tres: la indiferencia, el desprecio o la risa de sus congéneres.

11. Confunda riqueza con dinero.
Si a Ud. no le importa vivir modestamente, Ud. ya es feliz: puede disfrutar el lujo, pues no depende de él. En cambio, si se impone el lujo como condición sine qua non, se garantiza el terror de perderlo y de perderse junto con él y de no tenerlo por lo placentero sino por lo ostentatorio.

12. Y la imprescindible: venda su primogenitura por un plato de lentejas.
Ud. no entiende que las únicas cosas que justifican la vida son las que no sirven para nada: amar, jugar perinola, oír un adagio o comerse un dulce. O peor: hágalo por la quimera de un plato de lentejas, así pierde su primogenitura por nada, como ha hecho tanta gente que conozco. Es decir, empátese en el festival delirante de indignidad que está viviendo Venezuela, la forma suprema de la infelicidad, pues es la forma suprema del autodesprecio.

Consideraciones finales:
La infelicidad es producto del sufrimiento solo coyunturalmente. La pusilanimidad, en cambio, la crea estructuralmente. Uno puede estar muy triste por la muerte de su novia, pero no es, esencialmente, un infeliz. El sufrimiento interrumpe la felicidad, pero puede ser pasajero. Cuando el pusilánime escoge la infelicidad, la eleva a esencia y el adjetivo ‘infeliz’ deviene sustantivo.

Una de las infelicidades del infeliz voluntario es no poder impedir esto que le digo en su cara, porque, por definición, no puede confesar su estado. Es un derrotado grotesco, porque está condenado al triunfalismo.

Lo mejor es seguir estas instrucciones inconscientemente. Así ni siquiera se explica su desdicha.

Como se ve, defino la felicidad por lo que ella no es. Por dos razones: los infelices no entienden una definición positiva (como la de Elvira Ancízar, ¿ven, infelices, que no la entienden?) y los felices no la necesitan, ¿verdad, felices?



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