Los gérmenes de la infelicidad

Creado: 30/4/2013 | Modificado: 27/2/2013 1756 visitas | Ver todas Añadir comentario



Los gérmenes de la infelicidad

Texto: http://nuestrocrecimiento.com/los-germenes-de-la-infelicidad/
 


En el tema anterior explicábamos que la felicidad depende de muchos “dependes”, y cuando estos no se dan, la felicidad brilla por su ausencia. Cuando mis “dependes”, a los que les concedo tanta importancia, no se realizan en la práctica diaria de mi vida, fácilmente me pueden dejar sumido en la infelicidad, es decir, en la situación contraria a la que deseamos.

Decían los filósofos escolásticos que “Nada sucede en el mundo sin causa que lo explique”. Efectivamente es así de claro y evidente, si se quiere incluso simple, pero también muy contundente. Se da la felicidad porque hay unas causas que la generan, y también se da la infelicidad porque hay conductas, comportamientos y actitudes, formas de pensar y de sentir que nos generan este estado indeseable para cualquier mortal. Es a lo que nos referimos cuando estamos diciendo “los gérmenes de la infelicidad”.

¿Qué entendemos por gérmenes? Si echamos mano del diccionario nos da diversas respuestas: “Origen o principio de una cosa”. “Principio u origen de alguna cosa, material o moral” “Pequeños microorganismos que causan enfermedades”. Los gérmenes son tan pequeños que pueden introducirse en nuestro sistema sin que los advirtamos. No sabemos que los tenemos hasta que descubrimos síntomas que señalan que nos han atacado.

Los gérmenes nos invaden porque no pueden vivir por su cuenta. Los virus, palabra muy usada a nivel popular, es una de las clases de gérmenes que existen, por lo tanto también se puede aplicar a ellos lo que hemos dicho de los gérmenes. La ciencia también nos habla de que existen gérmenes buenos que, a diferencia de los otros, no nos causan enfermedades.

Una vez que los gérmenes invaden nuestro cuerpo, se acomodan durante una larga temporada. Como son parásitos, extraen su energía de sus huéspedes. Ingieren nutrientes y energía y producen sus propias toxinas que pueden causar infecciones en la persona como fiebre, resfriados, erupciones, tos, vómitos, diarreas. La forma más recomendada para defendernos de los gérmenes es lavarse bien las manos con abundante agua y jabón.

Alguien puede pensar que estoy pretendiendo dar una clase de medicina práctica, y nada más lejos de la realidad; simplemente he expuesto, muy resumido y simplificado, lo anterior para ver que lo que ocurre en nuestra dimensión biológica, es lo mismo que ocurre en las otras tres dimensiones: la psicológica, la relacional y la noética o espiritual.

Pongamos un ejemplo. Imaginemos una persona cuya forma de pensar está perturbada, y se ha acostumbrado tanto a esto que sus pensamientos ya se han convertido en automáticos, y en muchas ocasiones le llevan a pensar de una forma muy obsesiva. Sin duda esta forma de pensar se ha ido generando a lo largo del tiempo, hubo un principio en el que esta persona ni se daba cuenta que determinados pensamientos se introducían en su mente, igual que hacen los gérmenes. Esta persona no se daba cuenta de lo que le estaba sucediendo, hasta que llegó un momento que quería dejar de pensar en algo que le molestaba, y experimentaba que le era muy difícil, cuando no imposible, abandonar ese pensamiento distorsionador y preocupante.

Esta persona, sin ser consciente de ello, alimenta diariamente ese pensamiento a base de repetirlo y convivir pacíficamente con él. El pensamiento obsesivo, como germen nocivo que es, no puede vivir fuera de la persona y se adhiere viscosamente a la esponja de su cerebro, se acomoda dentro de la vida de la persona y vive pacíficamente dentro de ella hasta que ésta decida a expulsarlo.

Como buen parásito, también va chupando energía de la persona, empieza a intoxicarle y ésta empieza a sufrir las consecuencias: se siente mal consigo misma, tiene problemas de convivencia con los demás, sobre todo con los más cercanos; el árbol, sus pensamientos, le tapan el bosque, y empieza a ver las cosas subjetivamente, lo que le aumenta aún más los problemas con los demás, se va viendo cada vez más aislada y sola, discusiones por doquier, malos modos, rabietas, ira, se le va cerrando el camino y puede llegar un momento que se sienta totalmente agobiada y no sepa por donde salir, sintiéndose atrapada por su germen que no sabe cómo romper; se ha creado un circuito de regeneración cerrado en el que se siente atrapada, totalmente incómoda, frustrada, desilusionada; en una palabra, totalmente infeliz.

Esto es a lo que llamamos gérmenes de la infelicidad; en cada uno de los temas que nos quedan, hasta llegar al 12, nos vamos a dedicar a analizar determinados “gérmenes” que nos generan infelicidad, van a ser comportamientos que adoptamos, que nos hacen transitar por el camino de la infelicidad y de la amargura.

Aparte del examen concreto que vamos a hacer de determinados comportamientos, que son gérmenes nocivos, en este apartado vamos a analizar comportamientos que se constituyen en verdaderos gérmenes que nos generan infelicidad y sufrimiento. Entre ellos vamos a citar los siguientes:
 


Crearse problemas

Si no tienes bastante con los tuyos, asume como propios los de los demás.
Llena tu vida de complicaciones reales o ficticias.
Concede gran importancia a todos los sucesos negativos.
Magnifica todas las cosas que ocurren en tu vida.

Pensar que siempre se tiene la razón

Piensas que sólo existe una verdad absoluta, la tuya, y la defiendes hasta la muerte.
Rechaza lo que digan los demás por sistema.
Si la propuesta no es al 100% tuya, piensas que no merece la pena.
Cuando te están hablando estás pensando en los cincuenta mil argumentos que vienen a tu mente para derrotar su teoría.

Vivir obsesionado


Elige un acontecimiento negativo de tu memoria, conviértelo en un recuerdo imborrable y tráelo a tu mente una y otra vez.
Vive para pensar sólo en ello, en ese aspecto de la situación que llama tan poderosamente tu atención que no puedes quitártelo de la cabeza.
Deja que las dificultades cotidianas absorban tu atención compulsivamente y fácilmente te obsesionarás.
Tu forma subjetiva de ver las cosas hace que pierdas la objetividad para ver la situación con amplitud de miras.

El presente no merece la pena, piensa siempre en el futuro

Aplaza el disfrute de las cosas positivas que pasan en tu vida.
Confórmate con lo malo conocido, y no te arriesgues ante lo bueno por conocer.
Tortúrate pensando en todo lo negativo que te podría ocurrir los próximos años.

Jamás te perdones

De tanto machacarte llegarás a un punto en el que ya solo sentirás autocompasión.
Atorméntate pensando que tú, y solamente tú, eres el único responsable de lo que te pasa.
Nunca creas que hay situaciones que escapan a tu control.

Necesidades y exigencia que te impones

Es absolutamente necesario ser amado y aprobado por los demás, y en todo momento.
En toda actividad que emprendas debes ser infaliblemente competente y perfecto.
Todas las cosas han de discurrir por el camino que a ti te gusta y, cuando esto no sucede, es horrible, terrible, catastrófico.

Evita ciertas actitudes como.

Enfrentarse a las dificultades
A las responsabilidades
Rechazar el compromiso y la autodisciplina
Ante algo peligroso y amenazante, preocúpate y pertúrbate.
Exigir a los demás que sean perfectos y no cometan errores.
Pensar que la calificación que te das a ti mismo como ser humano depende de la perfección de tus acciones, y de la aprobación que te den los demás.

Tu pasado lo sigues haciendo presente

Tu pasado sigue determinando tus sentimientos y conductas del presente.
Te torturas por lo que hiciste o dijiste, o por el error que cometiste, hace tantos años ya que ni te acuerdas cuando sucedió exactamente.

Actuar pasivamente de cara a tu felicidad personal

Pensar que la inacción y la pasividad te van a llevar a la conquista de tu felicidad.

Compárate con los demás
Desvívete por la sensación de que siempre hay alguien mejor que tú en todos los ámbitos de la vida.
Quizá conozcas personas bellas, ricas, inteligentes y con éxito social, que se han asegurado una infelicidad vitalicia por no dejar de sentir que hay alguien más bello, rico, inteligente o exitoso.

Dos notas:
Los acomplejados no son producto del ambiente sino de una estructura que uno se va labrando poco a poco y a base de determinadas pautas de pensamiento y de conducta, los acomplejados sufren muchísimo



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